En un contexto de conflicto entre naciones, es crucial reconocer que han surgido nuevas formas de perturbación internacional. Las campañas de desinformación, el espionaje y el financiamiento de economías clandestinas son tácticas modernas que permiten la perpetuación de estas estrategias dañinas. Estas prácticas erosionan la confianza y la cohesión social, así como también socavan la estabilidad y la seguridad nacionales. La mayoría de los comentarios en las redes sociales, especialmente en plataformas como Twitter, no provienen de personas reales sino de bots o trolls (Bastos & Mercea, 2018). Esta realidad es alarmante en la agenda geopolítica.
En Geodese reflexionamos sobre cómo los bots de redes sociales deberían ser motivo de preocupación en un escenario de defensa nacional.
Inicialmente, las granjas de bots estaban ubicadas en países como Malasia, Indonesia, Pakistán e India. Individuos con numerosos teléfonos móviles, todos conectados a cuentas de nueva creación, se dedicaban exclusivamente a generar “me gusta”. Se les pagaba para garantizar que ciertas publicaciones tuvieran una participación significativa, y las personas cambiaban constantemente de aplicación y cuenta, simplemente haciendo clic en «Me gusta». La segunda generación de estas granjas centralizó los teléfonos móviles, controlándolos desde una sola computadora, lo que facilitó la supervisión y gestión de múltiples dispositivos desde una sola pantalla. Esta evolución permitió la manipulación de hashtags, la amplificación y multiplicación de mensajes, creando la ilusión de que muchas personas estaban discutiendo el mismo tema o apoyando una opinión particular (Prier, 2020).
En la tercera fase entró en juego la automatización completa. Ya no era necesario que una persona realizara el compromiso. Los sistemas automatizados y la Inteligencia Artificial tomaron el control, conectando todos los dispositivos a un único centro de mando. A través de programas de gestión se enviaron comandos que se replicaban en todos los dispositivos conectados a la red, simplificando significativamente el proceso de creación de granjas de bots.
En un escenario de defensa nacional, este fenómeno presenta serias implicaciones. Las campañas de desinformación pueden desestabilizar una nación, erosionando la confianza pública en sus instituciones y sembrando discordia entre la población. Los robots pueden amplificar los mensajes de propaganda extranjera, influir en la percepción pública de las políticas y los líderes nacionales y crear la falsa impresión de que una opinión minoritaria es en realidad la dominante (Bennett & Livingston, 2023).
Es fundamental recordar, al navegar por las redes sociales, que muchos comentarios y debates no provienen de personas reales. Hay un problema fundamental: el miedo humano al aislamiento social. Este miedo puede llevar a las personas a autocensurarse cuando sus opiniones parecen diferir de las de una supuesta mayoría dominante. En las redes sociales, este fenómeno se magnifica porque muchas de las voces que parecen estar en desacuerdo no son humanas, sino robots. Esto crea una espiral de silencio, donde las personas se sienten presionadas a no expresar sus verdaderas opiniones por temor a ser marginadas (Morabito, 2022).
En un contexto de defensa nacional, esta manipulación de la opinión pública puede ser utilizada estratégicamente por naciones adversarias para debilitar la moral y la cohesión interna de un país. La compra de me gusta, seguidores, retuits y comentarios falsos puede dar la impresión de que una opinión es mucho más popular de lo que realmente es, influyendo así en las percepciones y decisiones a nivel nacional (Toro-Alvarez, 2024).
Esta es la realidad del uso de las redes sociales en el contexto de la guerra moderna. Extender la agenda de ciertas naciones al ámbito digital es más económico; no hay necesidad de desplegar batallones de soldados, solo se necesita código para multiplicar usuarios falsos en Internet y movilizar otras narrativas. Es vital ser consciente de esta realidad para no caer en la trampa de la desinformación y la manipulación. La mayoría de los comentarios en las redes sociales durante tiempos de conflicto pueden provenir de robots, no de personas ya que, comprender esto, es fundamental para diseñar estrategias que contrarresten estas nuevas dinámicas entre naciones. Los impactos sobre la soberanía de un estado pueden utilizar plataformas de redes sociales y ya no requieren despliegues tradicionales del pasado. Es hora de innovar en defensa, en defensa nacional desde el ciberespacio.
Referencias:
Bastos, M., & Mercea, D. (2018). The public accountability of social platforms: Lessons from a study on bots and trolls in the Brexit campaign. Philosophical Transactions of the Royal Society A: Mathematical, Physical and Engineering Sciences, 376(2128), 20180003.
Bennett, W. L., & Livingston, S. (2023). A brief history of the disinformation age: Information wars and the decline of institutional authority. In Streamlining political communication concepts: Updates, changes, normalcies (pp. 43-73). Cham: Springer International Publishing.
Morabito, S. (2022). The Weaponization of Loneliness: How Tyrants Stoke Our Fear of Isolation to Silence, Divide, and Conquer. Bombardier Books.
Prier, J. (2020). Commanding the trend: Social media as information warfare. In Information warfare in the age of cyber conflict (pp. 88-113). Routledge.
Toro-Alvarez, M. M. (2024). Digital violence in schools: a unified theory and structural equation model to counteract cyberbullying. Journal title: Journal of Aggression, Conflict and Peace Research. DOI: 10.1108/JACPR-03-2024-0886
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Escribe en el área de Defensa sobre Dominio cibernético.

