Hacia una lectura integrada de la competencia global, la criminalidad transnacional y las amenazas híbridas.
Introducción
El sistema internacional atraviesa un periodo de transformaciones profundas caracterizado por la intensificación de la competencia entre grandes potencias, la erosión del multilateralismo y la expansión de nuevas amenazas híbridas que combinan dimensiones tecnológicas, políticas, criminales y militares (CSIS, 2023). América Latina no está aislada de estas tendencias; por el contrario, se ha convertido en un espacio donde convergen intereses globales y regionales, alterando la estabilidad política, económica y de seguridad.
Para Colombia, cuya política de seguridad se ha centrado históricamente en riesgos internos, el periodo 2026–2030 exigirá una comprensión más amplia de los vectores internacionales que condicionan su entorno estratégico. Tal como señalan Buzan y Weber (2003), la seguridad nacional de los Estados depende tanto de dinámicas externas como de capacidades propias de anticipación y resiliencia. Este artículo sostiene que los principales desafíos de seguridad para Colombia en los próximos años derivarán de vectores externos —competencia global, crimen transnacional, reconfiguración regional y amenazas híbridas, que requieren una respuesta articulada entre defensa, diplomacia, inteligencia y política económica.
Vector 1: Competencia entre grandes potencias
La rivalidad estratégica entre Estados Unidos, China y Rusia se ha intensificado y, como explica Walt (2018), ha dado lugar a un sistema internacional más volátil, donde las potencias emplean herramientas económicas, diplomáticas, tecnológicas y militares para ampliar su influencia. América Latina se ha convertido en un escenario relevante dentro de esta competencia.
Estados Unidos mantiene un interés central en la estabilidad hemisférica, la lucha contra el crimen organizado y la seguridad de infraestructuras críticas y cadenas de suministro.
China, por su parte, ha expandido su presencia a través de inversiones en infraestructura, energía, telecomunicaciones y puertos estratégicos, configurando un patrón de influencia económica que tiene efectos directos sobre decisiones políticas y de seguridad en la región (ICG, 2022). Rusia ha fortalecido capacidades informacionales y alianzas tácticas en el hemisferio, especialmente mediante cooperación militar y operaciones de influencia digital.
La competencia entre grandes potencias obliga a Colombia a navegar con cautela entre los intereses de Washington y Pekín, especialmente en sectores sensibles como telecomunicaciones, energía y tecnología 5G. Cualquier decisión tecnológica puede generar presiones externas o riesgos de alineamientos no deseados, en un contexto donde la infraestructura crítica se ha convertido en objetivo de disputas geopolíticas y ciberataques. Ante este escenario, el país deberá fortalecer una diplomacia estratégica que gestione estas tensiones con autonomía y, en paralelo, modernizar su defensa tecnológica para reducir vulnerabilidades y mejorar su resiliencia.
Vector 2: Criminalidad transnacional como actor estratégico
El crimen transnacional ya no opera únicamente como fenómeno delictivo, sino como actor geopolítico con capacidad para influir en territorios, economías y Estados. Como señala Felbab-Brown (2020), las organizaciones criminales han adquirido capacidades cuasi militares, financieras y tecnológicas, generando dinámicas de poder transnacionales que compiten con estructuras estatales.
Las rutas de tráfico hacia Europa y África Occidental, el aumento del lavado de activos a escala global y la convergencia entre crimen y actores armados no estatales revelan la sofisticación de estas organizaciones. En el hemisferio, la OEA (2023) destaca que la seguridad ya no puede interpretarse sin un enfoque transnacional.
La expansión del crimen transnacional ha consolidado corredores estratégicos, especialmente en el Pacífico y en la frontera con Venezuela, donde convergen economías ilícitas, redes de tráfico y actores armados con control territorial. Esta zona funciona como un ecosistema híbrido marcado por debilidad estatal, grupos irregulares y flujos poblacionales masivos, condiciones que favorecen la expansión criminal (Gangi-Guillén, 2023). Este panorama exige fortalecer la cooperación policial internacional, la inteligencia financiera y las capacidades marítimas, al tiempo que se previenen riesgos de infiltración institucional mediante una estrategia integral que combine control territorial, acción judicial y mecanismos robustos contra la corrupción.
Vector 3: América Latina como escenario de competencia estratégica
La región atraviesa un ciclo de fragmentación política y volatilidad institucional. Como explica Crisis Group (2022), América Latina es hoy un espacio donde se superponen tensiones internas, rivalidades regionales y la presencia de actores extrahemisféricos.
Venezuela sigue siendo un vector crítico por su crisis multidimensional, la presencia de grupos armados en la frontera, la debilidad institucional y el aumento de economías ilícitas; Brasil ha retomado un papel autónomo en asuntos amazónicos, energéticos y de defensa; y México se ha convertido en un actor hemisférico de facto debido al alcance internacional de sus cárteles.
La región seguirá representando un punto de vulnerabilidad significativo. La frontera con Venezuela mantendrá altos niveles de riesgo debido a la presencia de actores armados, economías ilícitas y dinámicas de descontrol estatal, a lo que se suman las presiones migratorias regionales, cuyo impacto humanitario y económico continuará tensionando las capacidades institucionales del país. La Amazonía exigirá una integración más estrecha con Brasil y Perú, no solo desde la perspectiva ambiental, sino también como un eje de seguridad territorial frente a la expansión de actividades ilegales y la degradación de ecosistemas estratégicos.
Vector 4: Amenazas híbridas y ciberriesgos
Las amenazas híbridas combinan desinformación, ciberataques, drones, operaciones psicológicas, espionaje, sabotaje digital y uso de proxies criminales. Singer y Brooking (2018) sostienen que la guerra informacional ha traspasado lo militar y afecta la política interna, las elecciones y la percepción pública.
Los ciberataques a infraestructuras críticas como energía, datos, finanzas y servicios públicos se han multiplicado. La proliferación de drones y sistemas autónomos democratiza capacidades ofensivas antes exclusivas de los Estados.
El aumento de las amenazas híbridas se reflejará en un riesgo creciente sobre la infraestructura energética y financiera, hoy cada vez más expuesta a ciberataques y presiones externas. Esta realidad hace urgente fortalecer la arquitectura nacional de ciberdefensa y elevar los estándares de protección digital en instituciones públicas y privadas. Paralelamente, el país deberá prepararse para posibles interferencias externas en procesos electorales y dinámicas de opinión pública, un fenómeno ya observado en otras regiones. También, las Fuerzas Militares seguirán enfrentando el desafío de adaptarse a nuevas tecnologías como drones, sistemas autónomos y capacidades de guerra electrónica que redefinirán la naturaleza del entorno operacional.
Brechas estratégicas del Estado colombiano (2026–2030)
El análisis de los vectores externos pone en evidencia varias vulnerabilidades internas que Colombia deberá atender con prioridad. La ausencia de una doctrina moderna de Seguridad Nacional y la escasa articulación entre defensa, diplomacia, economía y justicia reducen la capacidad de anticipación estratégica del Estado. A esto se suma una débil protección de la infraestructura crítica y una presencia limitada en agendas multilaterales relevantes, factores que amplifican el efecto de los riesgos externos y disminuyen la resiliencia nacional frente a un entorno internacional cada vez más competitivo y volátil.
Recomendaciones de política pública
Frente a este panorama, Colombia deberá adoptar una agenda de seguridad pública mucho más estratégica para el ciclo 2026–2030; esto implica avanzar hacia una Doctrina de Seguridad Nacional 2030 con enfoque multidimensional que articule defensa, diplomacia y desarrollo. Será esencial fortalecer una diplomacia de anticipación, especialmente en materia tecnológica y de ciberseguridad, junto con una cooperación hemisférica modernizada frente al crimen transnacional. El país deberá actualizar su estrategia de ciberdefensa y protección de infraestructura crítica, invertir en capacidades militares y policiales adaptadas a amenazas híbridas y reformular su política antidrogas desde una perspectiva regional e internacional. Finalmente, una mayor presencia en organismos multilaterales permitirá a Colombia influir en las agendas globales de seguridad y posicionarse con mayor autonomía en un entorno competitivo.
Conclusión: Colombia ante su ventana estratégica
El periodo 2026–2030 constituye una ventana estratégica decisiva para Colombia que deberá comprender su seguridad desde la interacción de vectores internacionales cada vez más determinantes. La competencia global, el crimen transnacional, la reconfiguración regional y las amenazas híbridas ya forman parte del entorno que condiciona la estabilidad del país. La oportunidad está en avanzar hacia una arquitectura de seguridad moderna, anticipativa y verdaderamente multidimensional. Si Colombia logra integrar su política exterior, su defensa y su desarrollo económico bajo una visión estratégica coherente, estará en mejores condiciones para navegar un sistema internacional en transformación y proteger con mayor eficacia sus intereses nacionales.
Bibliografía
Buzan, B., & Weber, O. (2003). Regions and powers: The structure of international security. Cambridge University Press.
Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. (2023). Global security outlook 2023–2024. CSIS.
Comisión Interamericana de Derechos Humanos. (2019). Organized crime and human rights in the Americas. OEA.
Felbab-Brown, V. (2020). The future of organized crime. Brookings Institution.
Gangi-Guillen, G. K. V. (2023). Dinámicas migratorias en la frontera colombo-venezolana y su relación con la criminalidad transnacional. Revista Científica General José María Córdova, 21(44), 907–924. https://doi.org/10.21830/19006586.984
International Crisis Group. (2022). Latin America’s new strategic environment. ICG.
Nye, J. (2022). Do morals matter? Presidents and foreign policy from FDR to Trump. Oxford University Press.
Organización de Estados Americanos. (2023). Annual report on hemispheric security trends. OEA.
Singer, P., & Brooking, E. (2018). LikeWar: The weaponization of social media. Houghton Mifflin Harcourt.
United Nations Office on Drugs and Crime. (2022). World drug report. UNODC.
Walt, S. (2018). The hell of good intentions: America’s foreign policy elite and the decline of U.S. primacy. Farrar, Straus and Giroux.
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