En la agenda de la Seguridad Internacional contemporánea ocupa un lugar de relevancia la ciberseguridad y las capacidades de ciberdefensa militar, disciplinas que se enfocan en las heterogéneas amenazas y riesgos que surgen y se despliegan en el ciberespacio (Kello, 2017). La guerra en Ucrania ha demostrado que el ciberespacio es un dominio clave para la confrontación geopolítica (Singer & Friedman, 2014) y que su manejo y desarrollo puede garantizar superioridad estratégica, táctica y operaciones tanto este dominio de guerra como en los otros dominios que se encuentra conectados. Si se estudia a la fecha, como se ha desarrollado la guerra podemos decir que la expectativa frente Rusia era que esta ejecutaría una intensa ofensiva cibernética algo que no materializó en la magnitud esperada. ¿Pero que puede estar pasando?
Se proyectaba que Rusia desplegaría su aparato cibernético como un elemento de disrupción estratégica, empleando operaciones avanzadas de guerra digital para degradar infraestructuras críticas y desarticular la resiliencia operativa de Ucrania (Maurer, 2018). No obstante, el balance operacional ha evidenciado una ejecución limitada en términos de letalidad y persistencia, lo que ha generado interrogantes sobre la real capacidad ofensiva del ecosistema cibernético ruso y su grado de integración doctrinal dentro del concepto de guerra híbrida (Buchanan, 2020).
Introducción
El conflicto entre Rusia y Ucrania ha reconfigurado la concepción de la seguridad internacional, consolidando la ciberseguridad y la ciberdefensa como un elemento estratégico indispensable para la defensa de los Estados en el siglo XXI (Betz & Stevens, 2011). La interacción entre guerra convencional y ciberguerra ha generado un nuevo paradigma en el que el ciberespacio no solo actúa como un teatro secundario de operaciones, sino como un campo de batalla crítico para la proyección de poder y la coacción interestatal (Valeriano et al., 2018).
La Ciberguerra en la Seguridad Internacional y su Vinculación con la Geopolítica
En el actual entorno estratégico, la ciberseguridad y la ciberdefensa se ha posicionado como un vector crítico dentro del espectro de la seguridad internacional (Nye, 2017). La evolución del ciberespacio como dominio operacional ha impuesto nuevas exigencias a los Estados, enmarcando la estabilidad geopolítica bajo un paradigma de disuasión híbrida y guerra de información (Lindsay, 2015). La guerra en Ucrania ejemplifica la convergencia entre la ciberdefensa, la geopolítica y la guerra híbrida, evidenciando que las operaciones en el ciberespacio no solo complementan los conflictos cinéticos, sino que reconfiguran los umbrales de escalada y las estrategias de poder blando y coercitivo (Harknett & Nye, 2017).
La interacción entre ciberdefensa y relaciones internacionales revela una creciente dependencia de la superioridad digital para la preservación de la soberanía y la proyección del poder estatal. La asimetría en el ciberespacio permite a los actores estatales y no estatales desarrollar estrategias de acceso persistente, guerra cognitiva y ataques disruptivos sin incurrir en represalias convencionales. En este contexto, la ciberresiliencia se erige como un pilar fundamental de la defensa nacional, obligando a las potencias a reevaluar sus marcos normativos, capacidades de respuesta activa y doctrina de contrainteligencia digital para mantener el equilibrio estratégico en el ciberespacio global.
Rendimiento Ruso en Ciberguerra: Expectativas vs. Realidad
El planeamiento estratégico previo a la invasión sugería que Rusia desplegaría un conjunto de operaciones cibernéticas ofensivas de alta intensidad contra infraestructuras críticas ucranianas, con el fin de degradar su capacidad de mando y control y desarticular sus redes de comunicación (Healey, 2013). No obstante, el balance táctico ha evidenciado que, si bien se han ejecutado incursiones cibernéticas selectivas, estas han carecido del nivel de disrupción estratégica esperado. Uno de los ataques más destacados fue la intervención sobre la plataforma de comunicación satelital Viasat[1], realizada horas antes del inicio de la ofensiva terrestre, con el propósito de obstaculizar las capacidades de respuesta temprana de Ucrania (Ivanov & Petrov, 2024). Esta acción, sin embargo, fue contenida con relativa rapidez mediante una combinación de mecanismos de redundancia tecnológica y apoyo internacional, lo que pone en entredicho la efectividad operativa de las capacidades cibernéticas rusas en escenarios de alta competencia digital.
Dicho fenómeno y ataque cibernético visto desde el rol de la ciberdefensa dentro de los conflictos interestatales contemporáneos, destaca los enfoques integrados que trascienden de simple sabotaje informático hacia modelos de persistencia operativa y guerra cognitiva. En este sentido, el teatro ucraniano demuestro que la supremacía en el ciberespacio no dependía exclusivamente de la capacidad ofensiva, sino de la resiliencia estratégica y la adaptabilidad de los sistemas de defensa digital frente a la presión enemiga.
Posibles Razones del Perfil Bajo de la Ciberguerra Rusa
El desempeño limitado de Rusia en el ámbito de la ciberguerra ha generado múltiples interrogantes (Rid, 2013). Una posible razón radica en la compartimentalización de los planes estratégicos y la falta de integración efectiva entre las operaciones militares convencionales y las cibernéticas (Betz & Stevens, 2011). Además, la subestimación de la resistencia ucraniana y la priorización de la inteligencia sobre el ataque pueden haber influido en esta situación (Valeriano & Maness, 2015).
Otro factor a considerar es la decisión estratégica de contención. Rusia podría haber optado por no emplear sus capacidades cibernéticas más destructivas debido a consideraciones geopolíticas y de largo plazo, algo que puede estar prosperando frente a las resientes hechos entre el presidente de los Estados Unidos Donald Trump y el Vladímir Putin . La destrucción masiva de infraestructuras digitales podría haber generado represalias más severas por parte de la comunidad internacional o incluso comprometido intereses estratégicos rusos en el ciberespacio.
Si se analiza desde las consideraciones geopolíticas y de largo plazo, especialmente en el marco de la evolución del conflicto en 2025. En el actual escenario, donde la presión de la OTAN ha incrementado su presencia en Europa del Este y el respaldo tecnológico de Occidente a Ucrania se ha intensificado, una escalada cibernética descontrolada podría desencadenar represalias estratégicas de gran alcance. Asimismo, la consolidación del eje geopolítico entre Rusia, China e Irán ha fomentado un enfoque más prudente en el uso del poder cibernético, priorizando la guerra de información y las operaciones de desinformación sobre ataques destructivos directos. En este contexto, podriamos suponer que Rusia parece estar aplicando una estrategia de disuasión asimétrica en el ciberespacio, utilizando tácticas de persistencia operativa, infiltración prolongada y guerra psicológica para erosionar la cohesión interna de sus adversarios sin cruzar umbrales que justifiquen respuestas convencionales o cibernéticas de mayor magnitud.
Finalmente, la priorización de la inteligencia sobre el ataque también es un aspecto relevante. Mantener el acceso a redes vulneradas con fines de espionaje puede haber sido considerado más valioso que ejecutar ataques destructivos que alertarían a las defensas ucranianas y llevarían al cierre de dichas vulnerabilidades. En este sentido, no es raro Para un combatiente, el uso cotidiano de un teléfono celular puede representar un canal inadvertido de filtración de información estratégica. A través del análisis de metadatos, intercepciones de comunicación y explotación de vulnerabilidades en aplicaciones de mensajería, los adversarios pueden obtener datos sensibles sobre la moral de las tropas, ubicaciones tácticas y patrones de comportamiento en el campo de batalla. Este enfoque consolida una estrategia de vigilancia sigilosa, priorizando la recopilación continua de inteligencia sobre la ejecución de operaciones cibernéticas de alto impacto.
En conjunto, estos factores pueden explicar el perfil relativamente bajo de la ciberguerra rusa en el conflicto con Ucrania. Sin embargo, calificarlo como ‘bajo’ no implica una ausencia de acción, sino más bien una ejecución más sutil y estructurada dentro de los principios de la guerra de atribución plausible. En este marco, Rusia podría estar desarrollando una estrategia de acción encubierta de largo plazo, donde la negabilidad de sus operaciones y la manipulación de la percepción del adversario se convierten en elementos clave para su proyección de poder en el ciberespacio.
Resiliencia Cibernética de Ucrania y Asistencia Externa
Desde 2014, Ucrania ha robustecido sustancialmente su postura en ciberdefensa, incorporando lecciones estratégicas derivadas de ataques cibernéticos previos como NotPetya (Maurer, 2018). Este proceso ha estado acompañado de un enfoque más estructurado, alineado con las mejores prácticas de ciberseguridad a nivel global. La asistencia de actores internacionales ha sido determinante para fortalecer la protección de infraestructuras críticas y mejorar las capacidades de inteligencia y vigilancia digital en tiempo real (Ivanov & Petrov, 2024). Empresas tecnológicas líderes como Google, Amazon y Microsoft han desempeñado un papel clave en la detección y mitigación de amenazas cibernéticas, mientras que la estrecha colaboración con agencias de seguridad occidentales ha permitido a Ucrania desarrollar una arquitectura de defensa cibernética más resiliente, capaz de anticipar amenazas y neutralizar ataques antes de que generen disrupciones estratégicas.
Conclusión
El análisis del conflicto entre Rusia y Ucrania demuestra que el ciberespacio ha evolucionado de ser un dominio complementario a constituirse como un teatro operacional clave en la estrategia militar moderna. El conflicto ha puesto de manifiesto la convergencia entre la guerra cibernética y la geopolítica global, evidenciando que las decisiones estratégicas en el ciberespacio están inextricablemente ligadas a la configuración del orden internacional. La contención cibernética por parte de Rusia no debe interpretarse como una limitación de capacidades, sino como una calibración precisa de su estrategia en función del contexto geopolítico actual. Con la creciente presión de la OTAN en Europa del Este y el fortalecimiento del eje estratégico entre Rusia, China e Irán, la escalada de las operaciones cibernéticas debe mantenerse dentro de umbrales calculados que no justifiquen respuestas desproporcionadas por parte de Occidente.
En este sentido, Rusia parece haber optado por una estrategia de disuasión asimétrica en el ciberespacio. Esta aproximación sugiere que el ciberespacio no es solo un dominio de confrontación técnica, sino un campo de batalla multidimensional donde la supremacía informacional y la manipulación de la percepción juegan un rol central en la redefinición del equilibrio de poder global.
Referencias
- Betz, D., & Stevens, T. (2011). Cyberspace and the State: Towards a Strategy for Cyber-power. Routledge. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/345705816_Cyberspace_and_the_State_Toward_a_Strategy_for_Cyber-power
- Buchanan, B. (2020). The Hacker and the State: Cyber Attacks and the New Normal of Geopolitics. Harvard University Press. Disponible en: https://www.hup.harvard.edu/books/9780674987555
- Harknett, R. J., & Nye, J. S. (2017). The Cyber Domain and Deterrence: Applying Lessons from Nuclear Strategy to Cyberspace. Journal of Strategic Studies, 40(1-2), 7-29. Disponible en: https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/01402390.2017.1293535
- Healey, J. (2013). A Fierce Domain: Conflict in Cyberspace, 1986 to 2012. Cyber Conflict Studies Association. Disponible en: https://www.goodreads.com/book/show/17978424-a-fierce-domain
- Ivanov, A., & Petrov, M. (2024). Cyber Resilience in the Ukraine Conflict. Security Studies Review, 30(2), 45-68.
- Kello, L. (2017). The Virtual Weapon and International Order. Yale University Press. Disponible en: https://yalebooks.yale.edu/book/9780300215955/the-virtual-weapon-and-international-order/
- Lindsay, J. R. (2015). Tipping the Scales: The Cyber Balance of Power. International Security, 40(2), 72-111. Disponible en: https://direct.mit.edu/isec/article/40/2/72/12186/Tipping-the-Scales-The-Cyber-Balance-of-Power
- Maurer, T. (2018). Cyber Mercenaries: The State, Hackers, and Power. Cambridge University Press.
- Nye, J. S. (2017). The Digital Age and the Future of Power. Foreign Affairs, 96(4), 75-82.
- Rid, T. (2013). Cyber War Will Not Take Place. Oxford University Press.
- Singer, P. W., & Friedman, A. (2014). Cybersecurity and Cyberwar: What Everyone Needs to Know. Oxford University Press. Disponible en: https://global.oup.com/academic/product/cyber-war-will-not-take-place-9780199330638
- Torres, J. (2024). The Role of Cyber Operations in Modern Conflict. Global Security Journal, 29(3), 78-102.
- Valeriano, B., & Maness, R. C. (2015). Cyber War versus Cyber Reality: Cyber Conflict in the International System. Oxford University Press.
- World Economic Forum. (2020). Special Address by Antonio Guterres, Secretary-General of the United Nations. WEF Sessions, January 23. Disponible en: https://www.weforum.org
[1] La operación provocó una pérdida de comunicación inmediata y significativa en los primeros días de la guerra para el ejército ucraniano, que dependía de los servicios de Viasat para el mando y control de las fuerzas armadas del país.
Artículos del autor
Infancia capturada: reclutamiento digital de menores en escenarios de conflicto, trata y crimen organizado
Resumen El artículo analiza cómo redes criminales y actores armados utilizan videojuegos, TikTok e Instagram para perfilar, captar y coaccionar a menores en contextos de vulnerabilidad, empleando algoritmos, seducción afectiva y chantaje digital como nuevas formas de...
Liliana Zambrano
Escribe en el área de Defensa, en el área de Dominio Cibernético

