Las sociedades humanas han basado su éxito evolutivo en la capacidad que poseen para superar la conjetura y lograr el conocimiento. Desde la antigüedad, los grupos humanos exitosos fueron los que lograron gestionar el conocimiento de sus entornos para lograr aprender desde lo aprendido y aprender a desaprender, y con ello, mejorar sus condiciones de vida y alcanzar una ventaja sobre otros grupos que competían por recursos en sus respectivos entornos (Heuser, 2010).
Es la necesidad de conocer su entorno lo que motiva a desarrollar una habilidad que ha estado presente dentro de las sociedades humanas desde siempre; la Inteligencia, entendida desde la perspectiva de Kent (1978), es una herramienta que permite, a un tomador de decisiones, hacerlo de manera informada y dejando atrás el espacio de desconocimiento que imponen algunos contextos globales. Por lo tanto, se destaca que la Inteligencia supera lo meramente estatal o local y se integra a lo social y global, ya que el conocimiento generado en dicho proceso impacta en la consecución de los fines y objetivos de los diferentes grupos sociales que constituyen un Estado o una Organización.
En este sentido, es importante aclarar que las organizaciones humanas han requerido que sus líderes, en los diferentes niveles, articulen los recursos disponibles con las formas de gestionarlos, para lograr obtener los fines necesarios y, de esa manera, obtener el bienestar social o la finalidad requerida. La inteligencia como recurso ha permitido, dentro el Sistema Internacional, superar el espacio de lo esotérico a la hora de explicar fenómenos que afectan a las sociedades y enmarcar en el conocimiento científico dichos sucesos (Cubides-Cárdenas, Jiménez-Reina y Ardila-Castro, 2018). En este sentido, se pretende ayudar a comprender los contextos en donde se desarrollan las actividades sociales permitiendo, con esto, la identificación de amenazas, riesgos y oportunidades. De igual forma, se contribuye a la construcción de soluciones que permitan neutralizar conflictos y potencializar beneficios y, finalmente, generando la oportunidad de aprendizaje constante dentro de las instituciones, ya sean privadas o públicas.
Es necesario, por tanto, generar espacios de reflexión para lograr una completa comprensión de la Inteligencia como un bien público que posee las sociedades para el logro de su bienestar. Para lo cual, se pretende abordar la Inteligencia como una herramienta para la compresión y la conciencia situacional, permitiendo que tanto tomadores de decisiones como la sociedad, comprendan cuál es su situación frente a la posición de un adversario y cuáles son las variables que interfieren en el proceso social.
De igual manera, y retomando a Kent (1978), se debe mirar la labor de Inteligencia como un proceso que inicia desde el dato, pasa por la información y se constituye en conocimiento dentro de una organización, permitiéndole así articular medios y modos para conseguir resultados que logren alcanzar sus fines esenciales, y poder materializarlo en un producto fundamental en el proceso de toma de decisiones estratégicas.
Pero todo lo anterior no tendría importancia, si no se reconoce la actividad de Inteligencia como una herramienta que mejora y cambia positivamente las sociedades, y con esto, superar los paradigmas que han catalogado a dicha actividad en el ambiente meramente gubernamental, y no como parte del bien público de seguridad que garantiza las condiciones en donde se desarrollan los hechos sociales dados dentro de un marco de respeto a los derechos de las comunidades. Es importante resaltar que, principalmente en Latinoamérica, las actividades de inteligencia han estado asociadas a escenarios que las vinculan con la defensa de regímenes no democráticos y en muchos casos a la violación de derechos humanos.
Como reflexión final, este espacio busca desarrollar un diálogo de saberes para superar dichos paradigmas y lograr, desde la compresión de la actividad, construir puentes que coadyuven a al fortalecimiento de la Cultura de Inteligencia dentro de las sociedades. Para lograr dicho objetivo, se iniciará con la construcción del concepto de inteligencia, tomando la perspectiva de diferentes pensadores a nivel mundial. Luego, se continuará con la comprensión de los conceptos que fundan los estudios dentro de la disciplina. Como un tercer espacio, se abordarán casos de estudio en donde la actividad de inteligencia ha construido escenarios de bienestar social. Y, por último, se analizarán temas sobre el futuro de la actividad y de sus aportes tanto a los Estados dentro del Sistema Internacional contemporáneo, como a las organizaciones dentro del mercado global.
Referencias Bibliográficas
Cubides-Cárdenas, J., Jiménez-Reina, J., y Ardila-Castro, C. (2018). La Inteligencia Estratégica en el Sistema Internacional. En C. Giner, y J. Delgado (Eds). Conflicto y Diplomacia, Desarrollo y Paz, Globalización y Medio Ambiente. Thomson Reuters Aranzadi.
Heuser, B. (2010). The evolution of Strategy. Thinking War from antiquity to the present. Cambridge University Press.
Kent, S. (1978). Inteligencia estratégica. Pleamar.
Carlos Ardila
Escribe en el área factores conexos, sobre inteligencia y contrainteligencia
