Los modelos de construcción de paz en Colombia son reconocidos por académicos interesados en la construcción de paz e incluso por países amigos. Se entiende que los procesos de paz nacen de una transformación necesaria, social, territorial de justicia y de seguridad, en la que se ha venido trabajando en Colombia desde los más de 17 procesos en los últimos 30 años.

Estos múltiples procesos han logrado sacar personas de los conflictos y generar un espacio de transición, estabilización y esperanza en los territorios, pero no han logrado alcanzar de manera estable lo que se denomina «Consolidación de la paz». Según diferentes visiones, tanto las de la ONU como las de antiguos violentólogos y los hoy reconocidos pazólogos, este fenómeno pasa por diferentes corrientes desde la posguerra de los años 70, las corrientes minimalistas e intermedias, y tiene relación directa con lo que se denomina “La corriente maximalista”, y de la nueva visión que, en adelante, los diferentes textos sobre la paz plantearían los conceptos de la paz positiva y la paz negativa. Todo esto ha sido analizado y trabajado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como conflictos transbélicos o postbélicos.

Con los grupos armados ilegales, la fase que más se ha trabajado en Colombia es la negociación con cese de hostilidades y también sin cese. Estas negociaciones, bajo el marco de justicia de transición o justicia para un posconflicto, tienen unos estándares internacionales. En los ámbitos académicos y de derechos humanos se reconoce que se requiere una transformación en los territorios. Se acepta que, desde lo sociológico, lo histórico y lo cultural, hay territorios que han quedado atrapados en el atraso, territorios que en Colombia encontramos en el Cauca, en el Catatumbo, en el Guaviare, en el Caquetá, en algunos lugares apartados de Antioquia, muchos sectores del Chocó, así como en la costa pacífica y un poco más hacia el sur del país, menos desarrollado.

¿Qué sucede allí? Principalmente, se reconoce que han existido unas organizaciones armadas ilegales que se han cimentado en los territorios; han secuestrado e instrumentalizado a la población civil aislándolos, desde los años 70 y 80 no les gusta que lleguen las carreteras, les colocan algún tipo de problema a las emisoras, interfieren para que no llegue internet, tienen cautivas a las personas y a las comunidades para instrumentalizarlas en las diferentes actividades ilegales y utilizarlas como caldo de cultivo para su «revolución y toma del poder» que, aunque no pudieron realizarla por ese modelo, no obstante, han girado desde los últimos 20 años hacia el tema extractivo y de producción en todas las fases de la cocaína y el narcotráfico.

Vemos inmensas regiones del país, en especial el Cauca, Caquetá, Guaviare, el Putumayo, desde las marchas cocaleras, inundadas de cultivos de coca. Estas plantaciones se transforman a través de pequeños laboratorios y procedimientos en lo que es pasta base de coca que es transportada, comprada, adquirida dentro de toda la cadena logística a esos campesinos, quienes no se enriquecen. Hay que tenerlo claro: el campesino no se enriquece cultivando la coca, porque se la compran al mismo valor que podrían comprar el cacao, la yuca… el pan coger, el problema es cómo lo sacan a comercializar, porque la falta de vías secundarias, terciarias o placa huella de este territorio incomunicado los deja muy vulnerables ante el actor armado, esto es lo que algunos académicos llaman causas objetivas del conflicto. Allí los grupos armados ilegales entran a participar de toda la actividad de la producción y exportación de clorhidrato de cocaína a través de los puertos, las lanchas rápidas, impregnar contenedores, a través de cualquiera de los métodos. Todo este tema en territorio se mueve en corredores de movilidad hacia las costas, tanto la pacífica como la atlántica, e incluso las fronteras con países vecinos desde donde han instalado pistas para lograr sacar aviones y avionetas cargadas de clorhidrato de cocaína para Centroamérica, Estados Unidos y Europa. Los valores de retorno y ganancia son astronómicos, hasta el 1000 % que se quedan en los grupos armados ilegales y quienes manejan sus finanzas nutriendo una de las principales causas del conflicto la cadena del narcotráfico como reto a la seguridad nacional.

Todo este análisis de construcción de paz ha sido incorporado en las cátedras de paz, literatura especializada del desarrollo epistemológico, sociológico y jurídico. Incorporaremos para el análisis los marcos de referencia de Galtung, que habla de la paz positiva y los sistemas, atándolo a la gran relación que existe entre la paz, los derechos humanos, la pobreza, la exclusión y la discriminación. Para Galtung, la paz tenía una estructura diferente a una mera pacificación y claro que es entendido así, se requiere una transformación del territorio porque lo que hemos detectado en todos estos temas de análisis de paz, construcción de paz y seguridad, es que la falta de fortaleza y presencia institucional en el territorio es lo que permite que los grupos armados ilegales se asienten allí ante la falta de desarrollo y presencia estatal, es decir, allí empezamos a encontrar una primera arista, los estados que quieran construir paz tienen que estar muy fuertes en las regiones, a través del ejecutivo, el legislativo, el judicial, no puede ser solo una bota de un soldado y un policía, es todo el desarrollo a través de la transformación de lo que se denomina la acción unificada o la acción integral del estado como tal.

Un poco más evolucionado, el concepto de Fischer, entre el 2002 y 2010, trata de identificar el desarrollo como una concepción para una estructura de los cambios y transformaciones requeridos en los sistemas políticos y económicos transformando las desigualdades estructurales. Fischer, quien es violentólogo, basa la violencia en lo que denomina las causas estructurales y habla de cómo trabajar desde este ángulo lo social, lograr transformar la concepción transbélica.

Allí empiezan a introducirse desde este concepto de Fischer todo lo que tiene que ver con las vertientes de John Paul Lederach. Y Lederach nos dice, resumiendo por allá desde el 88 hasta el 97, que debe existir lo que denomina una infraestructura para la construcción de la paz. Pues para él no es solamente terminar el conflicto, sino que se reconstruya una nueva relación del tejido social que genere procesos y unos patrones más duraderos y estructuras estables en el Estado, fortalecer el Estado y sus instituciones en los territorios, nuevamente lo encontramos allí. Pues la transformación de los conflictos mantiene una sostenibilidad pacífica de las relaciones que no deja que se desborden. Y empieza a trabajar los conceptos desde los conceptos psicológicos, sociales, espirituales, políticos, económicos y militares. Y en esas dimensiones trabaja una reestructuración de las relaciones sociales dentro de lo que podría uno entender como el contrato social sin ideologías y sin descuidar la función de seguridad y desarrollo de doble vía.

Para quienes estudiamos y trabajamos en la construcción de una paz real, la seguridad y la defensa nacional son aspectos fundamentales que debemos considerar. Después de la negociación con las FARC, surgieron disidencias en el Guaviare, conocidas como R-1, lideradas por Iván Mordisco. Estas disidencias, inicialmente pequeñas, han crecido significativamente, pasando de 300 a casi 3000 miembros bajo el nombre de Estado Mayor. Esta organización, ahora más estructurada, ha expandido su presencia en territorios como el Cauca, el Meta, Arauca y el norte de Santander, compitiendo con el ELN y la disidencia de Iván Márquez. Mientras tanto, Marquetalia, otra disidencia de las FARC, abandonó los diálogos y enfrenta prohibiciones legales y constitucionales. Esta situación resalta las diferencias entre Marquetalia y el Estado Mayor, también conocido como R-1.

El análisis de la disidencia de Márquez, conocida como la nueva Marquetalia, revela una confrontación territorial con el ELN y otros grupos disidentes, donde han experimentado pérdidas significativas en su capacidad militar. Después de fracasar en diversos territorios como Arauca, el norte de Santander y el Magdalena medio, han buscado refugio en la frontera con Venezuela, específicamente en el Catatumbo y el Estado Zulia.

En contraste, el grupo residual conocido como E.M. ha experimentado un crecimiento alarmante del 1,000 % en los últimos años, especialmente desde el decreto del cese al fuego. Sin embargo, este crecimiento ha generado problemas de control y cohesión interna, con facciones que cuestionan el cese al fuego y amenazan la estabilidad del país.

Las constantes violaciones al protocolo de cese al fuego plantean serias dudas sobre la estrategia gubernamental y la efectividad del proceso de paz. Estas acciones se interpretan como una señal de debilidad institucional, lo que permite a los grupos disidentes expandirse y ejercer presión sobre la población civil, especialmente en zonas rurales vulnerables.

Es imperativo que el Estado revise su estrategia y garantice una presencia efectiva en los territorios afectados. Esto requiere un enfoque integral que no solo aborde las preocupaciones de seguridad, sino que también promueva el desarrollo socioeconómico y proteja los derechos humanos. El fracaso en abordar estas cuestiones podría socavar el proceso de paz y comprometer la estabilidad del país a largo plazo.

En el proceso de paz en Colombia no está en juego un simple acuerdo, sino que está en juego una seguridad nacional, no podemos ser ingenuos y ceder a chantajes de negociación sin una verdadera paz, no podemos permitir que los procesos de paz se conviertan en mecanismos de rendición de la democracia y el Estado, no podemos hacer un traje a la medida de una ideología armada que no permita el desarrollo de las ideas y el pensamiento en Colombia. En Colombia no está en juego solo la paz, está en juego la vida, la seguridad, la democracia y la Constitución Política. Desde la construcción de paz y el desarrollo de la nación se debe trabajar en un proceso de construcción de país sin ningún tipo de exclusión, ni de marginación, ni de violencia, ese es el verdadero reto de los procesos de paz en Colombia.

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Carlos Soler

 

Escribe en el área de factores conexos, sobre Paz, Defensa y Seguridad