Las Relaciones Civiles-Militares (RCM) describen la interacción de poder entre el sistema socio-político y las instituciones militares de una nación. En este balance, el grupo social civil, compuesto por gobierno y sociedad, interactúa con el militar, representado por las fuerzas militares. Por esto, el concepto de relaciones civiles-militares engloba las dinámicas, los equilibrios y las interacciones que ocurren entre estos dos grupos sociales en la construcción del orden de una convivencia en paz (Feaver, 2005).
En este contexto, el poder se manifiesta a través de la autoridad, la influencia y la capacidad de tomar decisiones. Las autoridades civiles ejercen su poder para establecer políticas, tomar decisiones de seguridad y supervisar las acciones militares. Por su parte, las instituciones militares tienen su propio poder debido a su conocimiento especializado en seguridad y defensa, así como su capacidad para implementar acciones que pueden tener un impacto significativo en la sociedad (Croissant, Kuehn, Chambers y Wolf, 2010).
Hay tres fundamentos en las RCM: (i) la necesidad de definir el propósito y papel de las Fuerzas Militares; (ii) garantizar que actúen bajo control civil; y (iii) cultivar la confianza de la población. Estos tres fundamentos son las columnas que garantizan que estas relaciones —de poder—, contribuyan o no a la existencia de una democracia.
Frente al primero, el propósito alude a la razón esencial de las fuerzas militares, mientras que el rol se refiere a sus funciones concretas. En las democracias, su meta es mantener o construir la paz, defendiendo la nación de amenazas que afecten la soberanía, la independencia y la integridad territorial.
El segundo pilar se centra en la subordinación de las fuerzas militares al poder civil. La existencia de ejércitos y su control por parte del gobierno han sido características comunes en la mayoría de las sociedades organizadas. La historia nos muestra que los ejércitos permanentes, supervisados por gobiernos, surgieron con la consolidación de los estados nacionales en Europa después del Tratado de Westphalia. Esto respondía a lo que Macchiavello (1971) llamó ejércitos profesionales, estos recibían entrenamiento regular, forjaban la identidad y estaban bajo el control directo del gobierno central. En una democracia, esta supervisión garantiza que las decisiones sobre asuntos de seguridad respeten la voluntad popular y el estado de derecho.
El tercer pilar, la confianza, es vital. Si las fuerzas militares gozan de confianza, se refuerza la cohesión social, el funcionamiento democrático y la seguridad nacional. Una relación de confianza mutua entre las fuerzas militares y la sociedad contribuye a la legitimidad del gobierno y del sistema democrático en su conjunto. Asimismo, una imagen positiva en el ámbito internacional influye en el rol que juegan en el sistema internacional. Cuando las fuerzas son percibidas como profesionales, éticas y comprometidas con los valores democráticos, el país gana respeto y credibilidad en la comunidad internacional.
En Colombia, la Constitución Política de 1991 delimita el propósito de las fuerzas militares. En su artículo 217, se establece que las fuerzas militares de Colombia están compuestas por el Ejército Nacional, la Armada Nacional y la Fuerza Aérea Colombiana y les asigna la función principal de defender la soberanía, la independencia, la integridad del territorio y el orden constitucional. En relación con el papel que juegan, además de su función en defensa y seguridad, los diferentes gobiernos han involucrado a las fuerzas militares colombianas en operaciones humanitarias, como asistencia en desastres naturales y apoyo a la población en situaciones de emergencia; lucha contra el flagelo de la deforestación; combate al crimen en muchas de sus manifestaciones; y como instrumento articulador de esfuerzos para la construcción de proyectos productivos que lleven el desarrollo a las regiones más apartadas del país. El papel de instituciones como el Servicio Aéreo a Territorios Nacionales (SATENA) liderado por la Fuerza Aeroespacial Colombiana, o en su momento el Servicio Naviero de la Armada de Colombia (SENARC), han permitido a muchas comunidades de esas regiones, movilizarse o movilizar sus cargas para el beneficio personal y de sus economías.
En el caso del segundo fundamento, la constitución designa al residente como Comandante en Jefe de las Fuerzas Militares, garantizando el control civil. A diferencia de lo que varios académicos plantean, sobre una supuesta autonomía de los militares en temas de orden público, hay ejemplos a lo largo de la historia que sirven como referencia para mostrar el respeto militar de la supremacía civil. Es claro que los civiles han podido ejercer la libertad de acción sobre las decisiones en materia de seguridad y defensa. En los últimos cincuenta años, un número significativo de oficiales de alto rango han sido retirados del servicio por orden del gobierno nacional frente a controversias de diverso orden. Algunos casos emblemáticos son los retiros de los generales Alberto Ruiz Novoa (por el presidente León Valencia); Álvaro Valencia Tovar (presidente López); Harold Bedoya (presidente Samper); Roberto Pizarro, Duván Pineda, Luis García y Hernán Cadavid (Presidente Uribe) o Leonardo Barrero (presidente Santos). Esto sin mencionar la numerosa cantidad de militares que han sido retirados por el ejecutivo para la conformación de la cúpulas militares en los distintos momentos políticos. Todo esto, sin que los militares hayan tomado acciones para presionar al gobierno o disputar el poder político (Rivera-Páez, 2021).
Respecto a la confianza, mientras otras instituciones colombianas enfrentan escepticismo, las fuerzas militares mantienen una alta favorabilidad. Este indicador para las fuerzas militares ha sido, desde el 2000 más favorable que desfavorable, estando hoy en un 65 % de favorabilidad frente a un 30 % de desfavorabilidad (Invamer-Gallup Colombia, 2023). Entre 2003 y 2017 en el Barómetro de las Américas las fuerzas militares colombianas alcanzaron, en promedio, el 61,97 % en el índice de confianza. De hecho, el capital social logrado por la institución parece explicar por qué algunos políticos, generalmente del partido en el poder, apoyan el uso de los militares para esas misiones de desarrollo y cooperación, que se explicaron previamente.
Concluyendo, las RCM no son simplemente una interacción de poderes en un contexto democrático, sino el reflejo de una sociedad que busca mantener un equilibrio entre la protección de su soberanía y los principios democráticos que la sustentan. En Colombia, la historia ha demostrado que la esfera militar ha buscado, en su mayoría, respetar y fortalecer dicho equilibrio, actuando no solo como defensores de la nación, sino como colaboradores en la construcción de un país más justo, equitativo y en paz. Las columnas que sustentan estas relaciones, más allá de los marcos jurídicos y políticos, son el respeto mutuo, el compromiso con la democracia y el bienestar del país. En última instancia, la fortaleza de estas relaciones radica en la confianza que la sociedad deposita en sus instituciones, reconociendo el valor y sacrificio de quienes sirven, y esperando de ellos, como de cualquier otro ciudadano, un comportamiento ético y comprometido con los ideales de la nación.
Referencias Bibliográficas
Croissant, A., Kuehn, D., Chambers, P., & Wolf, S. O. (2010). Beyond the fallacy of coup-ism: Conceptualizing civilian control of the military in emerging democracies. Democratization, 17(5), 950-975.
Feaver, P. D. (2003). Armed servants: Agency, oversight, and civil-military relations. Harvard University Press.
Invamer-Gallup Colombia (2023). Encuesta de Opinión Pública. Agosto 2023
Maquiavelo, N. (1971). El príncipe. Ediciones Ibéricas y LCL.
Rivera-Paez, S. (2021). 6 Colombia: Confronting Insurgency, Drug Cartels, and Narcoterrorists. In D. Kuehn & Y. Levy (Ed.), Mobilizing Force: Linking Security Threats, Militarization, and Civilian Control (pp. 95-116). Lynne Rienner Publishers. https://doi.org/10.1515/9781626379435-007
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Sociología militar, una herramienta de construcción de paz en Colombia
Por Samuel Rivera- Paez
SAMUEL RIVERA – PAEZ
Escribe en el área de factores conexos, sobre sociología y relaciones civiles militares.
Perfil
Capitán de navío en retiro de la Armada Nacional con 30 años de servicio. Actualmente es Profesor titular y líder del grupo de Investigación Masa Crítica en la Escuela Superior de Guerra.
EDUCACIÓN A RESALTAR
Doctor en Ciencias Sociales y Humanas (Cum Laude), 2017. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia)
Magister en Economía Ambiental, 2004. Universidad de los Andes (Colombia)
Especialista en Seguridad y Defensa, 2006. Escuela Superior de Guerra (Colombia)
Programa de Desarrollo Directivo PDD, 2010. INALDE Universidad de la Sabana.
Aparte de sus pregrados como Oceanógrafo y Profesional en ciencias navales, ha desarrollado diversos estudios asociados a las relaciones civiles y militares, así como a las diferencias vivencias de los militares y policías en la sociedad colombiana. Ellos se han desarrollado en Colombia y los EEUU.



