A finales de los 90s, se publicó el simpático, pero no menos controversial ensayo titulado “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano”. Allí, entre muchas otras características, los autores esbozan un rasgo particular del personaje en cuestión, como lo es el anti-yanquismo, que describen con una punzante y mordaz prosa:

“Es difícil llegar a ser un idiota perfecto, redondo, sin fisuras, a menos de que en la ideología del sujeto en cuestión exista un sustantivo componente antinorteamericano. Incluso, hasta puede formularse una regla de oro en el terreno de la idiotología política latinoamericana que establezca el siguiente axioma: «Todo idiota latinoamericano tiene que ser antiyanqui, o —de lo contrario— será clasificado como un falso idiota o un idiota imperfecto»» (Mendoza et al., 1997, p. 191)

Hoy, la realidad es que, mayoritariamente, estos “perfectos idiotas” son quienes gobiernan Latinoamérica. Y pese a que la retórica anti-yanqui permanece viva en muchos de esos mandatarios y que los Estados Unidos siguen siendo aún la potencia hegemónica y, si se quiere, intervencionista tan odiada por muchos, lo cierto es que la permanencia y el fortalecimiento de las relaciones de ésta última con Latinoamérica son una perentoria y mutua necesidad o, como se diría coloquialmente, un matrimonio por conveniencia que supere tanto las ideologías o corrientes políticas de turno, como el escepticismo mismo de los contrayentes.

Del lado norteamericano, algunos realistas pudieran sostener que las relaciones con Latinoamérica no son una prioridad, pues la amenaza a sus intereses globales como potencia yacen en China y Rusia como rivales inmediatos, así como el sudeste asiático y Eurasia como centros de gravedad para su esfuerzo geopolítico. Sin embargo, está probado que la potencia que quiera se hegemón debe garantizar, como mínimo, el dominio de su propio hemisferio.(Mearsheimer, 2001, p. 140) Además de difícilmente controvertible, esta afirmación cobra actualidad al percatarnos de la creciente influencia China y Rusa en la región, por ahora enfocada principalmente en acciones de softpower.

Analistas liberales, por su parte, podrían argumentar que Latinoamérica es un área consolidada para la democracia liberal y para los valores universales que promueven los EEUU, sugiriendo que el esfuerzo debe enfocarse en regiones donde la triada de democracia, libre comercio y organizaciones internacionales humanos (Russett & Oneal, 2001, p. 35) o bien está en declive, o nunca ha sido consolidada. Esto movería la brújula al Medio Este, África e incluso Asia. Pero esta percepción de Latinoamérica como hecho consumado en democracia la contradicen los hechos. Países como Venezuela y Nicaragua son nefastamente gobernados por dictaduras con disfraz de democracia; otros como Honduras, Perú y Bolivia, viven en un estado de inestabilidad política que amenaza permanentemente al gobierno de turno. Y sin ir más lejos, Ecuador, Colombia y México mantienen niveles de violencia y criminalidad que hacen peligrar la viabilidad de sus instituciones e incluso la existencia misma del estado. Y muchos estados de la región, bien podrían merecer el título de “leviatanes de papel” (Acemoglu & Robinson, p. 434) con unas instituciones aparentemente funcionales y una democracia simuladamente fuerte, detrás de las cuales se esconden graves fenómenos de corrupción e inoperancia administrativa.

La consecuencia de esa inestabilidad política y social se traduce, generalmente, en un impacto directo a los intereses de EEUU que es, muchas veces, el receptor no solamente de olas de migrantes que huyen de sus países buscando mejores oportunidades en tierras norteamericanas, sino también de los cargamentos de drogas que se producen y exportan, con cierta impunidad, desde el propio “patio trasero” de los EEUU. Esto, sin profundizar en otros fenómenos socio-económicos nacidos en Latinoamérica pero que terminan afectando a la potencia norteamericana.

Conociendo ya los argumentos a favor y en contra del fortalecimiento de relaciones EEUU-Latinoamérica, vistos desde la posición norteamericana, lo cierto es que esta relación es justificable y necesaria para ambas partes. Y, aunque la grandilocuencia antiamericana puede seguir vigente, las realidades de la región nos muestran una necesidad distinta.

En primer lugar, la lógica deductiva del antiyanquismo dicta que, para desplazar su influencia en la región, la mejor manera es invitar a los rivales estadounidenses a incursionar en sus países. Vemos pues, la creciente cooperación de China y Rusia con varias naciones del hemisferio, en detrimento de los intereses de EEUU. China, por ejemplo, se ha convertido en el destino primario de los productos de al menos 6 países en la región, además de ser un prestamista generoso y convertir a Latinoamérica, a su vez, en el segundo destino más importante de su inversión.(Sitenko, Alexandra, s. f.)  Rusia, por su parte,  con menos músculo económico, ha apuntado por una seria ofensiva diplomática y de influencia militar que tiene como pivotes a Nicaragua, Venezuela y Cuba.(Nicos, Jack & Troianovski, Anton, 2022)

Aunque es innegable tanto la necesidad como el derecho que asisten a las naciones de buscar alianzas y mercados de su mejor conveniencia, no se puede desconocer que esa inversión e interés llegan con costos asociados. Para el caso de China, la política extractivista, sin mayor interés en el medio ambiente e indolente con la condición del trabajador, resulta cuando menos contradictoria con los postulados de unos gobernantes latinoamericanos que se ufanan de llamarse progresistas. Similar sucede con la política rusa, que por su carácter belicista e intervencionista dista mucho del discurso pacifista y de derecho a la autodeterminación que reclaman furiosamente estos líderes latinoamericanos, cada vez que EEUU se involucra en sus asuntos o en los de otras naciones.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que, para muchos países de la región, EEUU constituye su primer o segundo socio comercial, destacándose el intercambio económico con países como Brasil y México que, a hoy, curiosamente, son gobernados por presidentes de corte antinorteamericano. Además, más allá de las cifras de intercambio, la lógica geopolítica demanda que, tanto para las naciones latinoamericanas como para los EEUU, resulta más práctica y menos onerosa esta cooperación intra-hemisférica que aquélla que demanda cruzar océanos y montañas para su materialización.

En tercer lugar, el apoyo militar y la ayuda económica son manifiestas necesidades con mutuos beneficios. La asistencia militar ha sido fundamental para, como mínimo, contener las amenazas terroristas y criminales en la región, protegiendo la gobernabilidad y la democracia. Igual sucede con la ayuda económica que, en términos generales, ha permitido el desarrollo de proyectos sociales que han auspiciado el progreso en regiones remotas y poblaciones vulnerables. Recíprocamente, EEUU se beneficia de esta ayuda promoviendo la estabilidad en las naciones, desestimulando la migración ilegal hacia su territorio y mitigando la afectación económica y social que implica el flujo de narcóticos a suelo norteamericano.

En resumidas cuentas, este matrimonio por conveniencia debe, no solamente mantenerse, sino fortalecerse. Desde Latinoamérica, dejar a un lado el idiotismo y la ceguera ideológica que obnubila la visión pragmática de la que todo estadista debe gozar. EEUU, por su parte, deponer su inmaculada postura de excepcionalismo y su convicción de destino manifiesto, para buscar una cooperación más amable y menos condicionada son sus vecinos hispanos. Y en ambas partes, recordar que el mundo es un “barrio peligroso” donde priman los intereses y la supervivencia antes que las ideologías e incluso los valores señalados como universales.

 

Acamoglu, D., Robison J. (2020)  El pasillo estrecho estados, sociedades y cómo alcanzar la libertad (Primera edición). Ariel.

Mearsheimer, J. J. (2001). The Tragedy of Great Power Politics. Norton.

Mendoza, P. A., Montaner, C. A., Vargas Llosa, Á., & Vargas Llosa, M. (1997). Manual del perfecto idiota Latinoamericano (4. ed). Plaza y Janes.

Nicos, Jack & Troianovski, Anton. (2022). Rusia fortalece su presencia en América Latina, mientras continúan las tensiones con Ucrania. The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2022/02/15/espanol/rusia-america-latina.html

Russett, B. M., & Oneal, J. R. (2001). Triangulating peace: Democracy, interdependence, and international organizations. Norton.

Sitenko, Alexandra. (s. f.). La Influencia China en América Latina. Heinrich Boll Stiftung. Recuperado 13 de octubre de 2023, de https://cl.boell.org/es/2020/08/03/prologo-la-influencia-de-china-en-america-latina

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JORGE GALINDO

Escribe en el área de Geopolítica de los Conflictos sobre la región de América Anglosajona.

Perfil

Coronel (R) del Ejército Nacional de Colombia, perteneciente al arma de Infantería, 30 años en servicio activo. Actualmente se desempeña como consultor en temas de conflicto, seguridad y defensa para diversas organizaciones del orden nacional e internacional, así como docente universitario.

 

EDUCACIÓN A DESTACAR

 

National War College (EEUU)

Master Degree National Security

Strategy, 2020

 

Naval Postgraduate School (EEUU)

Master Degree Defense Analysis, 2013

 

NATO School (Alemania)

Building Integrity Course, 2015

 

Policía Nacional de España (España)

Análisis de información Criminal, 2014

 

Asia Pacific Center for Security Studies

(EEUU)

Comprehensive Crisis Management

Course, 2010