Decir, como muchos conferencistas sostienen, que estamos viviendo tiempos “como nunca antes vistos” es, o bien una evidente falacia o, cuando menos, una descarada vanidad.

Lo que sí es cierto es que, quienes gozamos de vida en esta época, estamos presenciando una transición en el orden global que, de un mundo unipolar de hegemonía estadounidense durante las últimas tres décadas, apunta a un mundo bipolar o incluso multipolar donde otros estados reclaman su lugar.

Uno de estos estados que indudablemente pretende reemplazar el protagonismo americano es China, a quien dedicaremos este artículo para estudiar brevemente sus motivaciones, estrategia, características, capacidades y los riesgos de este empeño; analizando paralelamente el comportamiento de los EE. UU. frente a este reto global.

China se ve a sí misma como víctima de un orden global injusto. Pese a su milenaria tradición imperial, fueron invadidos por los mongoles, luego derrotados por Gran Bretaña y Francia respectivamente en las dos guerras del opio, vencidos también por Rusia y, más tarde, atacados e invadidos por Japón.(Allison, 2018) Por tal razón Mao, el padre de lo que hoy conocemos como la República Popular China, finalizada la Segunda Guerra Mundial, sentenció que China “nunca más sería una nación insultada”.(Bradley, 2015, p. 500)

Y es precisamente Mao quien, para expulsar a los invasores japoneses, ideó la Guerra Popular Prolongada (GPP), teoría que apunta a la derrota de un adversario más fuerte por parte de uno más débil, tras tres fases de confrontación denominadas defensa estratégica, preparación para la contraofensiva y contraofensiva final. (Mao et al., 2013). Si nos atenemos a esta teoría, podríamos afirmar que, en su competencia frente a EE. UU., China aplica esos principios extrapolados al orden global. Más aún, ateniéndonos a las condiciones actuales, podríamos afirmar que es la segunda fase, preparación para la contraofensiva, la que está teniendo lugar en su estadio final.

Lee Kuan Yew, ex Primer Ministro de Singapur, advertía hace años la disyuntiva China entre “ser un hegemon usando su poder para crear su esfera de influencia en la región …o continuar como un buen ciudadano internacional porque así puede alcanzar mayor crecimiento al observar las reglas internacionales”.(Lee, 2000, p. 654) Los hechos permiten inferir que China se ha decantado por la primera opción.

Vis-a-vis con los EEUU, China ha mostrado un comportamiento hábil, pragmático, desconfiado, pero decidido. EEUU, por su parte, aparece benevolente, idealista, cauteloso y, no pocas veces, contradictorio. Así, China maniobró inteligentemente para promover las sanciones contra Japón que terminaron con el ataque a Pearl Harbor,(Bradley, 2015) se acercó a los norteamericanos para ofrecer ayuda contra los soviéticos(Allison, 2018, p. 19) y cooperó también para su inclusión en la Organización Mundial de Comercio. Si bien todas estas acciones han facilitado que China haya acumulado fuerzas para lograr el necesario equilibrio de fuerzas que la preparan para la contraofensiva final, es imprescindible destacar específicamente su crecimiento económico, porque es sabido que “naciones con más grande PIB a través del tiempo tienen proporcionalmente una más grande influencia en moldear los asuntos internacionales”.(Destined for War p.19)

Dentro de los datos más impactantes de este fenómeno económico, observamos que este gigante asiático lleva tres décadas creciendo a doble dígito, a partir del 2008 el 40% del crecimiento económico mundial ha ocurrido allí, y ha logrado impactar la infraestructura mundial con la llamada iniciativa “One Belt, One Road”, también conocida como la Nueva Ruta de la Seda, con más de 900 proyectos alrededor del mundo que ascienden a más de 1.4 trillones de dólares. A la par del crecimiento económico viene el militar, que aunque inferior en porcentaje de inversión del PIB comparado con el de EEUU, por sus cifras macroeconómicas ha permitido multiplicar por ocho su capacidad militar.(Allison, 2018)

¿Y cómo se traduce esta capacidad militar? Principalmente, ejerciendo soberanía de facto sobre el centro de gravedad geográfico de los intereses chinos, como lo es el Mar del Sur de China, el cual además de representar una barrera de protección natural e inagotable fuente de petróleo, ofrece una oportunidad única para la hegemonía en el Indo-pacífico.(Kaplan, 2015) Las acciones militares en esta región previenen, además, cualquier avance en las ambiciones independentistas de Taiwan y amenazan de manera directa los intereses de EE.UU. y sus aliados en la región.

Alarmados por el avance chino, EE. UU. ha procurado reaccionar con las herramientas del poder a su disposición, aunque no necesariamente de manera efectiva. Por ejemplo, en la administración Obama hablaron de “rebalancear” (Allison, 2018, p. 8) sus esfuerzos estratégicos mundiales enfocándolos en Asia en perjuicio de su presencia en el Medio Este. En el gobierno Trump, se aplicaron medidas económicas, imponiendo aranceles a los productos provenientes de China, a la par que se intentó retornar al país empresas norteamericanas que tuvieran su asiento productivo en China. Biden, por su parte, ha “mostrado los dientes” con sus acciones de apoyo diplomático y militar hacia Taiwán, un tanto empañadas por las acusaciones de sobornos y pagos irregulares de empresas chinas a su hijo, Hunter Biden.

Adicional a las medidas diplomáticas, militares y económicas, EE. UU. también ha apelado a la narrativa de señalar a China, no sin sólidos argumentos, como un distorsionador del mercado, que socava las instituciones de comercio e influencia a diferentes países para alterar el orden mundial. También pasó factura a la imagen China, o bien su probable negligencia, o incluso su mala intención en la pandemia global por el virus del COVID, originado allí pero rápidamente expandido en el resto del mundo con resultados tristemente conocidos. En su defensa, China se presenta como un socio conveniente, dispuesto a salvar economías en aprietos, una cultura milenaria que distribuye equitativamente oportunidades en un mundo necesitado y una súper potencia amable que respeta meticulosamente la soberanía de otros estados.

Mirándolo con objetividad, pudiéramos decir que hoy en día China aún no persigue una hegemonía global—al menos a esta altura de la confrontación—pero sí una hegemonía regional, muy seguramente con centro de gravedad en el Mar del Sur de China. Esta aspiración implica, además, estorbar el ejercicio hegemónico estadounidense en el propio hemisferio occidental. Finalmente, China tampoco se esfuerza por imponer sus valores al resto del mundo, pues aprendieron de los EE. UU. el costoso error de querer imponer valores occidentales en sociedades ajenas a estos.

En conclusión, la competencia de las grandes potencias ha existido y existirá hasta que la estructura social de la humanidad desaparezca. China es, actualmente, una gran potencia que busca su lugar en el orden global en detrimento de los EEUU, incrementando su poder económico para traducirlo en poder militar y así disuadir a sus adversarios buscando un mundo bipolar o multipolar. Su estrategia por este cambio en el orden internacional, apunta a un renovado concepto de guerra popular prolongada puesta en marcha a escala mundial, en transición de segunda a tercera fase, es decir, preparándose para una contraofensiva final mientras espera, más temprano que tarde, un declive de los EEUU.

 

Bibliografía

Allison, G. T. (2018). Destined for War: Can America and China escape Thucydides’s Trap? (First Mariner Books edition 2018). Houghton Mifflin Harcourt, Mariner Books.

Bradley, J. (2015). The China mirage: The hidden history of American disaster in Asia (First edition). Little, Brown and Company.

Kaplan, R. D. (2015). Asia’s cauldron: The South China Sea and the end of a stable Pacific (Random House trade paperback edition). Random House.

Lee, K. Y. (2000). From Third World to first: The Singapore story, 1965-2000 (1st ed). HarperCollins Publishers.

Mao, Z., Waldron, A., & Mao, Z. (2013). Mao on warfare: On guerilla warfare, On protracted war, and other military writings. (Norfolk Course Materials U240 .M3433  2013). CN Times Books, Inc.; cat04199a. https://nduezproxy.idm.oclc.org/login?url=http://search.ebscohost.com/login.aspx?direct=true&db=cat04199a&AN=ndu.699817&site=eds-live&scope=site

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Jorge Galindo

Escribe en el área de Geopolítica de los Conflictos sobre la región de América Anglosajona.