
En el año 2021, en Colombia, se consolidó uno de los ataques más violentos contra la Policía Nacional; Bogotá y Cali fueron las ciudades más afectadas por esta ola de violencia, que se asemejaba a una toma guerrillera urbana. Estos ataques contra las instalaciones y miembros de la Policía Nacional no discriminaban género, razón por la que es una mujer la protagonista de esta historia, de quien se omite su identidad por su seguridad.
Los hechos ocurrieron en mayo del 2021 en uno de los más de 70 Centros de Atención Inmediata CAI de la ciudad de Bogotá que fueron atacados en horas de la noche por manifestantes de la primera línea, ella y sus compañeros fueron agredidos brutalmente con la intensión de ser incinerados. Fue sin duda un evento aterrador para estos jóvenes patrulleros. Como resultado, esta heroína sufrió varias lesiones que tardaron un buen tiempo en sanar, aunque las más difíciles de superar han sido las secuelas psicológicas, como el estrés postraumático.
En su proceso de recuperación a cargo de la Dirección de Sanidad y Medicina laboral tuvo que enfrentar varios retos; a continuación, se comparten algunas de las experiencias que fueron redactadas por esta compañera:
Aquel mayo de 2021, el CAI donde me encontraba de servicio fue tomado por manifestantes de la primera línea y fui atacada brutalmente dejándome múltiples lesiones físicas, como consecuencia de ese ataque violento se produjo en mí un estrés postraumático que se agudizó sumado a un trastorno mixto de ansiedad y depresión, lo cual me llevó a estar interna en una clínica psiquiátrica cuatro veces, durante aproximadamente dos años.
Me realizaron varias juntas médicas, y en una de ellas, dictaminaron el resultado de no aptitud sin reubicación laboral. A lo cual, pasado el tiempo reglamentario, solicité el tribunal médico, para una posible reubicación laboral o esperar la resolución de destitución.
Esta situación me ha afectado en todos los aspectos; uno de ellos fue el retraso en mi ascenso, a causa de los múltiples tratamientos que ordenaban los médicos, y quizás el que me afectaría más, fue cuando tuve que ser consciente de que, por mis crisis, estaba afectado a mi pequeña hija y por ello tuve que alejarme durante algunos meses, mientras vivía con mi mamá, quien en ese momento era mi cuidadora.
Desde el pasado 29 de septiembre, no he tenido más hospitalizaciones, teniendo en cuenta que el último tratamiento ordenado por la junta médica fue una rehabilitación inclusiva en la Dirección de Veteranos y Rehabilitación Inclusiva (DIVRI), la cual me ha servido demasiado, encontrándome con un continuo aprendizaje y conociendo personas que, a lo largo de mi tratamiento, serían las que me enseñaron el verdadero valor de dar y sentir abrazos de corazón; allí he logrado realizar muchos propósitos había mantenido en una constante procrastinación: me dedique a pintar, a hacer investigación sobre algunos comportamientos humanos, lo que me ha llevado a una inmersión de la mente humana, comprendiendo algunos trastornos, también, escribí, dirigí y produje cortometrajes, en uno de ellos contando mi historia y, gracias a ello, participé en un festival internacional inclusivo. Hoy en día, como lección de vida, tengo claro tres cosas fundamentales para sobrellevar situaciones difíciles en nuestras vidas, independientemente de lo que nos pase: debemos ser empáticos, agradecer a la vida y sobre todo tener amor propio por nosotros y nuestros semejantes. (Gratitud + Empatía = Amor).
Una dicotomía en la que muchas veces me vi confrontada, fue la de darme cuenta de que debía cambiar el discurso; que no podía continuar siendo víctima, debía aceptar la realidad, ser esa mujer valiente, capaz de hablar y poder contar mi historia con la cabeza en alto, como un ejemplo de superación y resiliencia por la que me empecé a caracterizar, por permitirme cada día darme la oportunidad, teniendo conversaciones saludables, encontrando ayuda espiritual de las maravillosas personas que la vida me puso en mi camino, y otras que siempre estuvieron allí y quizás nunca me di cuenta de ellas, haciendo que cada segundo, valiera toda la pena del mundo.
Hoy después de todo lo que ha pasado me pregunto, si tuviera la oportunidad de cambiar algo de ese fatídico día, si tan solo no hubiera estado allí en ese momento, analizo todo lo que conllevó esta situación, y estoy más que segura que no cambiaría en lo absoluto nada de lo que hasta hoy paso, porque me cambio mi vida en general, y todo para mejorar, sí, con días, meses, de dolor absoluto, pero con la certeza de una resiliencia cada vez más fehaciente, para demostrarme a mí misma y al mundo que se puede, desde que en nuestro corazón y nuestra mente tengamos amor propio y por nuestros semejantes.
Actualmente, como terapia, pinto virgencitas con técnica especial y accesorios, y trabajo en la creación de un programa de fortalecimiento llamado “Ayúdame a Ayudarte” que tiene como objetivo atender temas de salud mental, la ayuda psicosocial, espiritual y jurídica para la Policía Nacional, para los funcionarios y sus familias, que se han visto víctimas de las situaciones ocurridos en nuestro medio, y que, de una manera u otra se han visto afectados tanto física como mentalmente.
Como síntesis principal se quiere lograr brindar una ayuda oportuna y efectiva a todos nuestros compañeros y sus familias, en todos y cada uno de los lugares de nuestro país, apoyándolos en momentos de aflicción, que es donde más necesitamos que alguien nos brinde conocimiento para un desarrollo psicoemocional teniendo en cuenta los acontecimientos de los dos últimos años, en los cuales todos nos hemos visto obligados a sobrellevar, en muchas de las ocasiones sin siquiera ser escuchados, llegando así a ser tan vulnerables y tomar decisiones desafortunadas, que en ocasiones han concluido en desgracias tanto familiares como institucionales.
Se pretende que, con los programas ya establecidos por la Policía Nacional de Colombia, y formando un equipo de trabajo interdisciplinario conformado por profesionales en salud mental, espiritual, y jurídica, y apoyados por la Dirección de Sanidad, con herramientas digitales como Apps y las diferentes redes sociales de la Policía Nacional, se logre fortalecer y unir aún más los lazos de esta gran familia: nuestra Policía Nacional de Colombia.
Igualmente, y no menos importante, brindar un acompañamiento a pacientes en fase terminal y sus cuidadores, cumpliendo así quizás sus últimos deseos en esta etapa”.
Con este corto testimonio podemos observar el gran valor de las Mujeres que dedican su vida al cuidado de los demás portando con honor y orgullo un uniforme, es invaluable la compasión, arrojo y entrega de nuestras Heroínas. Respeto y gratitud por tan loable entrega.
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Por Mariluz Gaitan
MARILUZ GAITAN
Escribe en el área de Factores Conexos, sobre las Mujeres en las Fuerza




