RESUMEN

El conflicto entre Rusia y Ucrania ha evolucionado a lo largo de los años, combinando enfrentamientos militares convencionales con una intensa guerra informativa. Si bien la invasión a gran escala de 2022 marcó un punto de inflexión, la disputa entre ambas naciones no es un fenómeno reciente, sino el resultado de un prolongado proceso de rivalidad geopolítica, disputas territoriales y estrategias de guerra irregular. La desinformación ha sido una herramienta fundamental en este enfrentamiento, utilizada por ambos bandos,  tanto para justificar acciones militares como para moldear la percepción global del conflicto. En este sentido, la guerra informativa, librada principalmente en el ciberespacio, se ha convertido en un elemento central de los conflictos modernos, en los que la manipulación de datos, la propaganda y la desinformación buscan erosionar la confianza pública y alterar la toma de decisiones estratégicas (Rid, 2020).

Desde su regreso a la presidencia en enero de 2025, Donald Trump ha adoptado una estrategia que busca redefinir la participación de Estados Unidos en el conflicto entre Rusia y Ucrania. El 12 de febrero de 2025 el secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró que el retorno a las fronteras previas a 2014 era «un objetivo irrealista» y que intentar recuperar todo el territorio «solo prolongaría la guerra». Esta postura sugiere un enfoque pragmático orientado a alcanzar un acuerdo de paz que reconozca las realidades sobre el terreno. ​

Sin embargo, este cambio en la política estadounidense ha generado preocupación entre los aliados europeos y ucranianos. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha expresado que Ucrania no aceptará un acuerdo sin su participación directa, enfatizando que «nada puede discutirse sobre Ucrania sin Ucrania». ​

En este contexto, la desinformación emerge como un arma poderosa utilizada por diversas partes para influir en la percepción pública y modelar los acontecimientos políticos y militares. La proliferación de narrativas contradictorias y la manipulación informativa complican la comprensión del conflicto y afectan las decisiones de la comunidad internacional.​

Más allá de las iniciativas diplomáticas actuales, el conflicto entre Rusia y Ucrania sigue evolucionando sin una resolución clara en el horizonte. La reciente propuesta de alto el fuego impulsada por Estados Unidos ha abierto un nuevo capítulo en las negociaciones, pero las posiciones de los actores clave reflejan una compleja red de intereses y desconfianza. Mientras Rusia ha expresado apertura al diálogo con condiciones específicas, Ucrania sostiene que cualquier acuerdo debe incluir su participación directa y garantizar su soberanía, mientras que los aliados occidentales advierten sobre los riesgos de concesiones unilaterales.

Dado este panorama, la batalla discursiva cobra un protagonismo aún mayor. Ninguna de las partes está dispuesta a ser percibida como derrotada, lo que refuerza la tendencia a utilizar la desinformación como un instrumento clave para moldear la percepción pública. La construcción de una narrativa convincente de victoria, tanto a nivel nacional como internacional, se convierte en un objetivo estratégico esencial para influir en la opinión pública y sostener la legitimidad política de cada bando.

Considerando lo anterior, cualquier intento de mediación internacional deberá suponer que el cese de las hostilidades militares no significará necesariamente la desaparición del conflicto, sino su transformación en nuevas formas de disputa. La confrontación podría trasladarse al ámbito diplomático, económico y cibernético, donde la percepción y la legitimidad seguirán desempeñando un papel fundamental en la redefinición del equilibrio de poder en la región.

 

La Desinformación como Herramienta de Guerra

El uso de la desinformación como estrategia en conflictos armados está ampliamente documentado en la historia. Por ejemplo, desde la Segunda Guerra Mundial hasta la Guerra Fría, los Estados han implementado la manipulación informativa como un instrumento para socavar la moral del adversario, influir en la percepción pública y consolidar narrativas favorables a sus intereses geopolíticos (Rid, 2020). En estos contextos, la propaganda y la censura reconfiguraron el discurso dominante, condicionando la interpretación de los acontecimientos en el ámbito internacional.

Con la llegada de la era digital, el impacto de la desinformación se ha amplificado exponencialmente. Las redes sociales, los motores de búsqueda y los algoritmos de recomendación han facilitado la difusión rápida y masiva de contenidos manipulados, permitiendo la propagación de información falsa o distorsionada con el propósito de influir en la opinión pública y generar incertidumbre en la toma de decisiones políticas y militares (Singer & Brooking, 2018). La interconectividad global y la fragmentación del ecosistema mediático han reducido la capacidad de los Estados y las instituciones para controlar la veracidad de la información, otorgando mayor protagonismo a la guerra informativa como un componente esencial de los conflictos del siglo XXI.

En la guerra entre Rusia y Ucrania, la desinformación ha sido utilizada en diversas fases con el objetivo de justificar acciones militares, debilitar la posición del adversario y consolidar tanto el apoyo interno como el externo. A continuación, se presentan y analizan dos casos representativos de manipulación informativa empleados por ambas partes, así como su impacto en la configuración de la percepción global del conflicto.

Estrategias de Desinformación en la Narrativa Rusa

Uno de los ejemplos más emblemáticos de desinformación mediante ultrafalsos (deepfakes) se registró en marzo de 2022, cuando Rusia difundió un video manipulado digitalmente en el que el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, supuestamente instaba a su población a rendirse y deponer las armas (Weedon, Nuland, & Stamos, 2022). Esta pieza audiovisual, generada con inteligencia artificial para replicar la voz y apariencia del mandatario, se propagó rápidamente a través de plataformas como Telegram y Facebook antes de ser desmentida por el gobierno ucraniano.

El uso de ultrafalsos marca un punto de inflexión en la guerra informativa, ya que permite la creación de contenido altamente realista con un impacto significativo en la estabilidad política y social. Rusia ha recurrido a estas técnicas como parte de una estrategia de desinformación más amplia, orientada a construir narrativas que siembren dudas en la población y erosionen la confianza en los gobiernos legítimos.

 

Estrategias de Desinformación en la Narrativa Ucraniana

Por su parte, Ucrania también ha empleado la desinformación como un recurso estratégico. Un caso emblemático es la historia del «Fantasma de Kiev», un supuesto piloto de caza que, en los primeros días de la invasión, habría derribado múltiples aviones rusos (Zannettou et al., 2022). La figura del «Fantasma de Kiev» fue ampliamente difundida por fuentes oficiales ucranianas y amplificada en redes sociales como un ícono de la defensa nacional. Sin embargo, investigaciones posteriores confirmaron que el personaje no tenía una base real y que se trataba de una construcción simbólica para reforzar la narrativa de resistencia.

El impacto de esta estrategia radica en su capacidad de elevar la moral de la población y mantener la cohesión nacional en tiempos de guerra. Aunque la historia fue desmentida, su efecto en la percepción pública ya estaba consolidado, lo que demuestra el poder de la desinformación en la creación de símbolos que trascienden la realidad objetiva.

 

Conclusión: La Guerra Informativa y la Desinformación como Elementos Claves en la Construcción de la Memoria Histórica del Conflicto

A la luz de los acontecimientos recientes, la desinformación ha consolidado su papel como un componente central de la guerra informativa, utilizada estratégicamente para distorsionar la percepción pública, erosionar la legitimidad de los actores en conflicto y manipular la opinión internacional. Mientras que la guerra informativa abarca un espectro más amplio de tácticas —incluyendo propaganda, censura y operaciones psicológicas _la desinformación se distingue por la difusión intencionada de datos falsos o manipulados con el fin de incidir directamente en la evolución del conflicto y en la memoria colectiva de los hechos.

La intervención de Donald Trump ha reconfigurado la dinámica estratégica del enfrentamiento, introduciendo una nueva fase en la disputa por el control narrativo. Sin embargo, la falta de reconocimiento formal de estos diálogos por parte del presidente ucraniano Volodímir Zelenski agrega incertidumbre al panorama diplomático y a la estabilidad regional. Así las cosas, la lucha por la hegemonía discursiva no solo condicionará la política internacional y la legitimidad de los líderes involucrados, sino que también influirá en la manera en que el conflicto será registrado y recordado.

Más allá de su impacto inmediato, la guerra informativa y la desinformación no solo afectan el desarrollo del conflicto, sino que desempeñan un papel crucial en la construcción de la memoria histórica. La forma en que los acontecimientos son documentados, interpretados y transmitidos definirá las narrativas dominantes en las décadas venideras, consolidando visiones contrapuestas que podrían  reconfigurar no solo la identidad nacional de las partes en disputa sino la percepción global del conflicto. En este sentido, la lucha por construir “la verdad” en tiempos de guerra se convierte en un frente de batalla determinante.

No se puede afirmar con certeza si el conflicto entre Rusia y Ucrania alcanzará una resolución definitiva en el corto plazo, pero sí es evidente que su naturaleza ha experimentado una transformación profunda. Más allá de la confrontación bélica convencional, la guerra informativa ha adquirido una relevancia estratégica sin precedentes, generando un entorno en el que la desinformación, la manipulación y la reconfiguración de hechos históricos modelan el curso de los acontecimientos.

Si bien el desenlace del conflicto dependerá de múltiples factores, desde el poder militar hasta las negociaciones diplomáticas, la batalla por el control de la narrativa jugará un papel decisivo. Quien domine las tácticas de desinformación no solo impondrá su verdad y afianzará su legitimidad, sino que también tendrá la capacidad de inclinar el equilibrio del poder mundial a su favor.

 

Referencias

Bellingcat. (2022). Ukraine war: How a deepfake of President Zelensky was quickly debunked. Bellingcat Investigative Journalism.
Rid, T. (2020). Active measures: The secret history of disinformation and political warfare. Farrar, Straus and Giroux.
Singer, P. W., & Brooking, E. T. (2018). LikeWar: The weaponization of social media. Houghton Mifflin Harcourt.
Weedon, J., Nuland, W., & Stamos, A. (2022). Information warfare and the use of deepfakes in modern conflicts. Stanford Internet Observatory.
Zannettou, S., Sirivianos, M., Blackburn, J., & Kourtellis, N. (2022). Disinformation warfare: Examining state-sponsored narratives in online ecosystems. Journal of Political Communication, 39(2), 157-178.

Artículos del autor

Rocío Cruz

Autora de la sección “Desinformación y conflictos”