Resumen: A pesar de la pérdida de territorio experimentada por el Estado Islámico en Irak y Siria, el grupo logró adaptarse cambiando sus geografías de acción, manteniéndose como una amenaza para varias naciones.

 

A mediados de la década del 2010, el mundo se sorprendió con el vertiginoso crecimiento de una organización terrorista que logró conquistar un territorio del tamaño de Bélgica en muy poco tiempo. El Estado Islámico (ISIS) logró ocupar los titulares de los medios más influyentes del mundo y captar la atención de varios líderes globales. Tras años de guerra, el dominio territorial de ISIS desapareció, llevando incluso a mandatarios como Donald Trump a hablar de su derrota. ¿Pero es correcta esta apreciación? ¿Podría decirse que ISIS no es ya un riesgo?

En realidad, ISIS no ha desparecido y sigue siendo una amenaza para muchas naciones. La naturaleza descentralizada y desconcentrada de su estructura, y su funcionamiento a modo de franquicias, le ha permitido adaptarse, variando las geografías de operación, pero manteniendo viva su idea como movimiento.     

El grupo surgió de los remanentes de varias células yihadistas que combatían en Siria desde la primera árabe de 2011 y de fracciones de Al Qaeda en Irak (AQI) que quedaron a la deriva tras la muerte de su comandante Abu Musab al-Zarkawi. Con su deceso, y el paso del tiempo, el surgimiento del auto-proclamado califa Abu Bakr al-Baghdadi permitió darle forma a lo que se conoció primero como Estado Islámico en Irak y Siria o Estado Islámico en el Levante y posteriormente como Estado Islámico.

En parte, su crecimiento obedeció a la debilidad de las fuerzas iraquíes, cuyos miembros cedieron sus posiciones en lugar de defender el territorio. Un sólido aparato de propaganda, entrenado en los medios de la era digital, logró mover su mensaje y conquistar las mentes de personas en todos los continentes que se sumaron a su lucha. La calidad cinematográfica de las producciones, casi en estilo de Hollywood, vendió la imagen de una organización poderosa por todo el mundo. Además, al controlar territorio, la captura de rentas, desde el pago local de impuestos hasta el tráfico de petróleo y reliquias en el mercado negro, ayudaron a financiar su aparato militar.

En el teatro de guerra, sin embargo, una multitud de actores fueron sus enemigos. El régimen de Siria, Rusia, la coalición de países occidentales, Irán y sus proxis, y hasta la facción de Al Qaeda en Siria (Jabhat al-Nusra) lucharon en su contra. Quienes de forma más certera asumieron esta guerra fueron las diferentes unidades kurdas, varias de las cuales recibieron apoyo de los países occidentales como medio para evitar desplegar sus propias tropas. Esto naturalmente llevó a la reducción del grupo. El control territorial se fue perdiendo progresivamente y sus líderes fueron neutralizados. Al-Baghdadi fue dado de baja en 2019, y los dos comandantes siguientes, en 2022. Pero ISIS no dejó de existir, más bien se adaptó al escenario estratégico.

Es necesario entender que tanto Al Qaeda como ISIS no son organizaciones estrictamente jerárquicas, centralizadas, con procesos de comando y control detallados. Al Qaeda puede entenderse mejor como movimiento o ideología que como organización (Burke, 2003). De ahí la posibilidad del surgimiento de franquicias o filiales, y de que existan iniciativas de individuos o grupos asociados que actúan por su propia determinación, pero en nombre de Al Qaeda. Este nivel de descentralización fue lo que permitió justamente el surgimiento del Estado Islámico como una evolución de Al Qaeda en Irak (AQI), franquicia que terminó rompiendo sus nexos con Bin Laden y Al Qaeda Central (AQC).

Así como el debilitamiento de AQC en Afganistán y Pakistán, como consecuencia de la ‘guerra contra el terrorismo’, llevó al fortalecimiento de franquicias en otras regiones, la desaparición del control territorial del Estado Islámico motivó también el aumento de las acciones de ISIS en otras latitudes.

Por un lado, hay una transformación de estructuras relativamente regulares de guerra hacia redes de terrorismo en Irak y Siria. Puede que ya no ejerzan control territorial ni gobernanza, pero generan daños y pérdidas para la población y la economía. Por otro lado, y de forma más notoria, hay un reenfoque geográfico de la lucha por medio de filiales. Unas son más activas y poderosas que otras, pero todas mantienen la bandera de ISIS en alto.

El Estado Islámico – Provincia de África Occidental (ISWAP) opera en Nigeria, Camerún, Chad y Níger, y se enfrenta tanto a estos Estados como a otros grupos locales, como en el caso de Boko Haram. Es una de las más activas. El Estado Islámico en el Gran Sahara (ISGS) opera principalmente en Mali, pero con acciones en Burkina Faso y Níger, también enfrentando algunos grupos locales, incluyendo la filial de Al Qaeda en la región (JNIM). Desde los años 2010, el norte de Mali se convirtió en un santuario para varios grupos yihadistas que casi logran tomar la capital. Una campaña contrainsurgente liderada por Francia desde 2014 logró frenar el impulso, pero el territorio sigue siendo un hub para el terrorismo. La intensa actividad de estos grupos ha contribuido con la inestabilidad que llevó al reciente golpe de Estado en Níger.  

El Estado Islámico – Provincia de Sinaí (ISSP), opera en Egipto, buscando liberar Jerusalén de la presencia occidental, y evitar la influencia israelí, pero se ha enfocado más en atacar operativos de las fuerzas de seguridad egipcias (Stanford, 2018). También existe el Estado Islámico en la Provincia de Jorasán (ISKP), como el principal enemigo del movimiento Talibán en Afganistán y como una de las principales amenazas a la seguridad en esa nación.

En formas aparentemente más débiles existen el Estado Islámico – Provincia de África Central (ISCAP) y el Estado Islámico en el Este de Asia (ISEA). El primero opera en República Democrática del Congo y Mozambique. Aunque el nivel de sus capacidades está en actual discusión, se afirma que controla algunos poblados (BBC, 2020). El segundo opera principalmente en Filipinas, Malasia, Indonesia y Tailandia (Yusa, 2022).

Si bien, el poder del Estado Islámico que la opinión pública conoció hace ya casi una década no existe hoy, afirmar que la amenaza ha sido eliminada es una exageración. Siempre que existan personas dispuestas a actuar en nombre de esta bandera, y basados en su ideología, se necesitará mantener la observación del movimiento.        

Referencias:  

Stanford (2018). Islamic State – Sinai Province. Stanford Center for International Security and Cooperation Freeman Spogli Institute. Recuperado 01 agosto 2023.   https://cisac.fsi.stanford.edu/mappingmilitants/profiles/islamic-state-sinai-province.

BBC (2020). Mocimboa da Praia: Mozambique figths for port seized by IS. BBC News. Recuperado 01 agosto 2023. https://www.bbc.com/news/world-africa-53764943

Yusa, Z. (2022). The new face of the Islamic State in Southeast Asia. The Diplomat. Recuperado 01 agosto 2023. https://thediplomat.com/2022/05/the-new-face-of-the-islamic-state-in-southeast-asia/

Burke, J. (2003). Al Qaeda: The True Story of Radical Islam. I.B. Tauris

Artículos del autor

OSCAR PALMA

Escribe en el área Geopolítica de los Conflictos, sobre las regiones del Norte de África, Medio oriente , Asia central Y Latinoamérica

Perfil

Subteniente en retiro del Ejercito Nacional, desempeñándose en el arma de Justicia, como profesional Internacionalista. Actualmente es profesor de carrera de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario. Conferencista recurrente de varios centros de estudios oficiales nacionales e internacionales, incluyendo la Escuela Superior de Guerra y el George Marshall European Center for Security Studies.

EDUCACION A RESALTAR

Doctor en Relaciones Internacionales, 2013
London School of Economics and Polítical Science (Reino Unido)

Magister en Estudios en Seguridad Internacional, 2008
University of Leicester (Reino Unido)

Aparte de su pregrado como internacionalista, ha desarrollado una serie de estudios en Colombia y en el exterior, y como parte de diversos trabajos investigativos.