“En la actualidad es pertinente estudiar al militar como resultado de una configuración subjetiva del individuo en sociedad y no como una estadística más en un acontecimiento de victoria o de derrota”

 

La historia militar ha ocupado un lugar preponderante en el devenir histórico de las sociedades. Desde tiempos inmemoriales, los conflictos armados, las estrategias bélicas y las transformaciones en el arte de la guerra han dejado una marca indeleble en la evolución de las civilizaciones. En tal sentido, cobra validez reflexionar acerca del papel de la historia militar en el proceso de evolución epistemológica de la historia general; es decir, la metodología, los enfoques teóricos, los métodos y paradigmas planteados, con el propósito de vislumbrar los nuevos debates que aparecen en la sociedad contemporánea. Lo anterior, teniendo en cuenta que, el historiador siempre interpretará el pasado a través de los lentes y necesidades del presente.

En la antigüedad, la historia militar mantuvo una relación simbiótica con la historia en general, frente al registro de los acontecimientos. Los relatos históricos se enfocaban en narrar las vivencias de figuras prominentes, asignándoles un rol protagónico gracias a que poseían habilidades en batalla, por lo que narrar sus experiencias se alineaba con la construcción de los eventos políticos más significativos. Como metodología, aquellos que se dedicaban a registrar los hechos, generalmente, usaban como fuente principal su memoria, considerando que, todos aquellos que escribían sin haber presenciado el suceso, carecían de veracidad.

Tiempo después, durante la ilustración, aparecieron diferentes interpretaciones sobre el quehacer histórico de la mano de reflexiones filosóficas, entre las que se destacan las ideas de François-Marie Arouet más conocido como Voltaire, quién en sus escritos resaltaba las motivaciones políticas y personales detrás de las guerras, satirizando el accionar de los dirigentes y mandos en la aplicación de estrategias en el campo de batalla. En esta época, la metodología recurría a las crónicas y documentos de quienes habían presenciado los hechos bélicos, aunque la producción de historia militar no podría clasificarse del todo como homogénea.  

Para el siglo XIX, la corriente positivista —con representantes como Leopold von Ranke— se encontraba enfocada en adjudicar el rango de ciencia a la disciplina histórica hacia un riguroso uso de las fuentes primarias y de la objetividad del historiador para describir los sucesos “tal cual, y como sucedieron”, aunque sin ningún ápice de interpretación, bajo la idea de no restarle objetividad a la investigación. Esta metodología, limitaba la historia militar a abordar los conflictos únicamente desde esas fuentes sin interpretar los diferentes aspectos que rodeaban la disputa, lo cual, concedía el favor de narrar la historia solo a quienes tenían la capacidad de escribir sus versiones, es decir, los vencedores. 

Sin embargo, es solo hasta inicios del siglo XX, con la aparición de la Escuela de Annales fundada por Lucian Febvre y Marc Bloch, que se produce un viraje en el quehacer histórico mediante una propuesta innovadora y multidisciplinaria que buscó alejarse de la historia tradicional, aquella que enaltecía y se enfocaba en los acontecimientos políticos y militares, para dar paso a una historia social. Los miembros de esta escuela propugnaron la división de la historia social y la historia militar, pues su enfoque promovía el análisis de la estructura social, en el entendido que, los hombres enfrentados provenían de esa estructura y sus comportamientos estaban influenciados por diferentes variables. Esta idea fue reforzada por la necesidad de interpretar los acontecimientos de las guerras mundiales con diferentes ópticas.

El orden geopolítico de la posguerra “llevó al desarrollo del materialismo histórico, del estructuralismo histórico francés, identificado con la obra de Fernand Braudel y el apogeo de la segunda generación de Annales” (Borreguero, 2017, p. 147), aunada a la perspectiva cliométrica de Norteamérica. Tales visiones favorecieron aún más la disyunción entre la historia social y la militar, ya que la primera propuso una interpretación estructuralista de larga duración, en concordancia con el aporte de Braudel, basado en una división de los tiempos históricos en corta, media y larga duración. A fin de cuentas, se redujo la importancia del acontecimiento al orientar los esfuerzos a narrar los procesos estructurales de larga duración.

En contraste, la segunda visión se centró en el estatus del acontecimiento de corta duración, sin estructura y desligada del proceso social en conjunto. Lo anterior, suscitó una marcada disminución en la producción de historia militar. No obstante, la preponderancia de la historia social en la tarea de comprender el presente seguido en Europa y vigente hasta la década de los sesenta, llegó cuando George Duby quien “revolucionó la historia al ocuparse de los tiempos cortos y del acontecimiento” (Borreguero, 2017, p. 148); en esta etapa se puede encontrar heterogeneidad en la metodología utilizada por los historiadores, tanto en la historia social como en la historia militar.

La década de los noventa trajo consigo una nueva propuesta de la mano de Peter Burke quien revolucionó la “nueva historia”, con la perspectiva de “los de abajo” y “los de arriba”, colocando sobre la mesa la pregunta: “Una historia militar desde abajo ¿habría de tratar las batallas de Agincourt o Waterloo, de los soldados corrientes […], o debería centrarse en la experiencia de la guerra de las personas civiles?”  (Borreguero, 2017, p. 152).  La respuesta a esta pregunta permitió la producción de obras centradas en registrar las vivencias de esos soldados de a pie que acompañaron a los grandes hombres en batalla. Para entonces, los historiadores utilizaron diversas mitologías para recolectar las fuentes necesarias, recurriendo incluso a la memoria de quienes habían hecho parte de los acontecimientos bélicos.

En la actualidad, esta perspectiva no ha tomado la suficiente fuerza en Colombia, debido a que la historia militar se suscribe generalmente a las ciencias militares como un apoyo al desarrollo de estrategias o al enaltecimiento de proceres dentro de procesos de construcción del dogma y la identidad nacional. Lo anterior, no significa del todo una mala instrumentalización de la historia militar, tal como lo pueden demostrar las cuatro corrientes históricas castrenses desarrolladas en el país: la historia militar operacional, la historia militar organizacional, la historia militar contextual y la historia de lo militar (Cruz et al., 2021).

Sin embargo, la historiografía colombiana requiere de un enfoque más amplio; con nuevos paradigmas y el uso de metodologías transformadoras que faculten al historiador militar a responder a las necesidades de su presente. En ese sentido, se requiere retomar corrientes basadas en visiones diferentes para plantear nuevos debates sobre la historia y, sobre todo, rescatar las historias inéditas de aquellos que presenciaron los hechos, pero que se han perdido en el devenir de los acontecimientos. Tal idea, debe sustentar cualquier propósito de desescalamiento del conflicto armado interno en beneficio de visibilizar a quienes nunca han sido escuchados como ejemplo de resiliencia y esperanza.

En conclusión, es menester de la historia militar apropiarse de aquella corriente que se preocupó por vislumbrar las vicisitudes de la gente común que formó parte del conflicto, retomando el debate sobre la pertinencia de estudiar al militar como resultado de una configuración subjetiva del individuo en sociedad y no como una estadística más supeditada a cuestiones de victoria o de derrota. Se trata entonces de comprender la historia militar de manera holística como parte de la historia social, en la cual hombres en armas hacen parte de una sociedad cambiante cada vez más compleja. Para ello se requiere no solo ampliar los horizontes, sino también acercarse a los problemas cotidianos mediante una vinculación activa y real entre el presente y el pasado.

Referencias Bibliográficas

Borreguero Beltrán, C. (2016). La historia militar en el contexto de las nuevas corrientes historiográficas. Una aproximación. Revista d’Història Moderna, 34, 148.

Cruz, J., Cardona, J., Salamanca, A., y Sarmiento, D. (2021). La epistemología de la historia militar en Colombia: Aproximaciones teóricas para entender el pasado, tener una perspectiva del presente y tener una prospectiva del futuro para el desarrollo de las operaciones militares. Centro de Estudios Históricos del Ejército de Colombia. Sello Editorial Ejército de Colombia. https://doi.org/10.47961/9789585330801

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GABRIEL MOYA

Escribe en el área de factores conexos, sobre historia militar

Perfil

Teniente Coronel en retiro del Ejercito del arma de inteligencia con 20 años de servicio. Tiene experiencia en las especialidades de inteligencia y contrainteligencia. Actualmente se desempeña como docente e investigador en las áreas de historia, geopolítica, seguridad e inteligencia estratégica.

EDUCACIÓN A RESALTAR

Doctorado (C) en historia y humanidades. Universidad Pablo de Olavide (España)

Magister en estrategia y geopolítica, 2020. Escuela Superior de Guerra (Colombia)

Magister en historia, 2019. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia)

Magister en inteligencia estratégica, 2016. Escuela de inteligencia y contrainteligencia (Colombia)

Sus pregrados en Ciencias militares y Gerencia de la seguridad y análisis sociopolítico, los ha asociado a investigaciones y estudios en los campos de la historia.