Con frecuencia, en diversos escenarios políticos, sociales, académicos y económicos se menciona la responsabilidad exclusiva de la Policía en la preservación de la seguridad ciudadana. Se infiere que, si existe la sensación de “inseguridad” es porque, inefablemente, los cuerpos policiales no actúan de manera contundente para mostrar resultados.
La Percepción de Inseguridad
Para nadie es un secreto que la percepción de inseguridad en Latinoamérica viene creciendo desde los últimos años. En el 2010, según Latinobarómetro (2010, p. 95), el 58 % de los latinoamericanos se sentían inseguros de noche en las calles de sus vecindarios, “vivimos en un continente asustado por la delincuencia, más allá de que la cantidad de víctimas puede haber disminuido en algunos países en los últimos años, la percepción de inseguridad es abrumadora”.
Para algunos analistas y estudiosos del tema, la ineficiencia del Estado y sus instituciones, especialmente de la Policía, es la respuesta predominante en sus nichos de debate. Quizás falta ver la poca relación de los cuerpos policiales con las políticas de Estado, mientras sí están vinculados con las políticas de los gobiernos locales que tienen sus propias agendas y prioridades con respecto a la seguridad (Yllanes, 2017).
Históricamente, según Gonzalo Jar Couselo (1999), han faltado estudios profundos acerca del papel de la Policía en las sociedades democráticas, por múltiples factores:
- La historia reciente de los cuerpos policiales como entidad diferenciada de la fuerza militar.
- El tabú entre los académicos para abordar temas de policía sin caer en sesgos de un lado o de otro.
- La falta de una política de Estado frente al papel de la Policía como garante de la seguridad ciudadana.
- La precariedad en los recursos (tecnológicos, humanos, administrativos, financieros, etc.) asignados a la fuerza policial para lograr los objetivos con eficiencia y efectividad.
El origen europeo de la Policía y su legado en Latinoamérica fueron evidenciando que las preguntas relevantes que debían formularse al crear una nueva institución no fueron la prioridad para ninguno de los gobiernos de turno: ¿A quién pertenece?, ¿en qué consiste?, ¿cuándo debe emplearse?, ¿con qué procedimientos?, ¿qué controles?, entre otras.
La Policía dio sus primeros pasos como brazo armado del poder político, con gente ruda y mal paga, capaz de ejecutar opresiones y represiones. Esto marcó un mal comienzo de la institución y la profesión, que incluso hoy sigue revisándose (Jar, 1999).
En Latinoamérica, el tránsito de gobiernos militares a democráticos dejó un gran interrogante sobre cómo migrar de una Policía militar a una civil y comunitaria que atendiera las reales necesidades de los ciudadanos, más enfocadas en su seguridad local y problemas cotidianos, que en la seguridad nacional.
En el caso de Colombia, la multiplicidad de actores violentos (guerrillas, paramilitares, narcotraficantes) y su convergencia en el territorio condujo a una política de seguridad enfocada en derrotar a estas organizaciones criminales, con importantes victorias en más de cincuenta años de lucha: un proceso de paz con las FARC (Cancillería, 2016), desmovilizaciones de paramilitares (Idenpaz, 2013) y desmantelamiento de estructuras de narcotráfico —Carteles de Medellín y Cali— (El Tiempo, 1993).
Sin embargo, “esta situación hizo que los colombianos perdiéramos de vista lo que representa una Policía comunitaria” (Gutiérrez y Tobón, 2016), así surge la necesidad de tener cuerpos especializados, que fueran los mejores en defensa nacional, pero reduciendo su cercanía y habilidad para trabajar con y para la comunidad a la que sirven.
Recuperar la confianza y el respeto de los ciudadanos es uno de los retos más importantes de los cuerpos de policía. Desligarse de la concepción militarista y adoptar un modelo civilista que permita enfocarse en las necesidades que plantea una sociedad democrática es el camino; sin embargo, para lograrlo se requiere, sobre todo, del apoyo decidido de los hacedores de política pública y de la sociedad para garantizar el tránsito de una política de gobierno a una política de Estado en esta materia.
Los Derechos son para Todos
Garantizar la seguridad ciudadana también implica que los policías tengan condiciones dignas de trabajo y educación, para efectuar su cometido. En algunos países latinoamericanos, como México, se encuentran inequidades en el sector; bien sea por salarios bajos, falta de garantías para ejercer su profesión, equipamiento y tecnologías adecuadas que les permitan responder a los altos índices de inseguridad y violencia (Causa en común, 2022).
Como si viviera un déjà vu, México avanza nuevamente hacia la militarización de la fuerza pública y los gobernantes de turno cada vez destinan más presupuesto a las Fuerzas Militares para la seguridad ciudadana, mientras que los funcionarios llamados a cuidar de sus ciudadanos se debaten entre paros, movilizaciones y demás acciones para lograr la atención que necesitan.
Mejores Políticas, Menos Inseguridad
Parte de la situación de seguridad ciudadana actual en los países latinoamericanos se debe a la falta de políticas claras que les permitan a todos los actores de la sociedad actuar articuladamente, cada uno con su función y su responsabilidad, en una sociedad democrática que nos invita a ser corresponsables de las acciones colectivas.
Políticas tan básicas como mejorar el alumbrado público para evitar zonas oscuras de peligro; decisiones sobre la movilización de parrilleros en moto; prevención y educación frente a la drogadicción en niños, niñas, adolescentes y jóvenes; son solo algunos de los ejemplos de cómo la política pública ayuda a mejorar la seguridad ciudadana (Domínguez, 2019).
Y si nos preguntamos ¿por qué no existen estas políticas?, tendremos que preguntarnos también ¿a quiénes estamos eligiendo para que nos gobiernen y tomen decisiones en nombre del colectivo? Seguro después de cada elección de presidente o alcalde alguien ha traído a colación la vieja frase: “Cada pueblo o nación tiene el gobierno que se merece”. Si no nos hemos preocupado por entender nuestro papel en la sociedad, difícilmente tendremos el criterio para reclamar.
“Trabaja más Inteligente, no más Arduo”
Es importante resaltar el papel de la tecnología en apoyo a la seguridad ciudadana. Ya que, sumada al entrenamiento sofisticado y especializado, los cuerpos de policía están logrando mejores resultados en su lucha contra el crimen. Aunque todavía falta más entrenamiento, recursos, conciencia de la necesidad de modernizar el Estado, voluntad política y, por supuesto, más apoyo de la ciudadanía (Cámara Colombiana de Informática y Telecomunicaciones, 2021).
En conclusión, la seguridad ciudadana va más allá. “La seguridad es algo demasiado importante para dejarlo solo en manos de militares y policías” (Beliz, 2012). Es necesario reflexionar y entender que la seguridad ciudadana no concierne exclusivamente a uno de los actores —la Policía—, sino a toda la sociedad, empezando por los gobernantes y tomadores de decisión a nivel nacional y local, así como a la misma ciudadanía.
Referencias Bibliográficas
Beliz, G. (2012). Gobernar la seguridad ciudadana en América Latina y el Caribe amenazas, desafíos y nudos estratégicos de gestión (n.° IDB-DP-215) [documento de debate]. BID. https://publications.iadb.org/es/publicacion/15040/gobernar-la-seguridad-ciudadana-en-america-latina-y-el-caribe-amenazas-desafios-y
Cámara Colombiana de Informática y Telecomunicaciones (2021, 2 de diciembre). Ciberdelitos, la modalidad delictiva con mayor crecimiento en Colombia en los últimos tres años. https://www.ccit.org.co/noticias/ciberdelitos-la-modalidad-delictiva-con-mayor-crecimiento-en-colombia-en-los-ultimos-tres-anos/
Causa en Común (2022). La situación de las policías en México 2018-2022. https://causaencomun.org.mx/beta/wp-content/uploads/2022/05/2022.05.09_situacion-de-los-policias-2022.pdf
Corporación Latinobarómetro (2010). Informe Latinobarómetro 2010. https://www.latinobarometro.org/documentos/LATBD_INFORME_LATINOBAROMETRO_2010.pdf
Domínguez, P. (2019, 23 de mayo). Cómo un mejor alumbrado puede reducir la delincuencia. [entrada de blog] Ideas que Cuentan. https://blogs.iadb.org/ideas-que-cuentan/es/como-un-mejor-alumbrado-publico-puede-reducir-la-delincuencia/
El Tiempo. (1993, 2 de diciembre). El derrumbe del cartel de Medellín. https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-270428
Gutiérrez, I. y Tobón, S. (2016, 5 de diciembre). De Policía militarizada a Policía comunitaria. Razón Pública. https://razonpublica.com/de-policia-militarizada-a-policia-comunitaria/
Indepaz (2013). Proceso de paz con las Autodefensas Unidas de Colombia. https://www.indepaz.org.co/wp-content/uploads/2013/04/Proceso_de_paz_con_las_Autodefensas.pdf
Jar Couselo, G. (1999). El papel de la Policía en una sociedad democrática. Revista Española de Investigaciones Sociológicas, (85), 199-200. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=758960
Ministerio de Relaciones Exteriores (2016). ABC del Acuerdo Final: Cartilla pedagógica. https://www.cancilleria.gov.co/sites/default/files/cartillaabcdelacuerdofinal2.pdf
Yllanes Bautista, G. (2017). Análisis de la ineficacia en las instituciones policiales como estrategia para la prevención de la delincuencia en el estado de puebla periodo 2011-2016 [tesis de doctorado, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla]. Repositorio Institucional. https://repositorioinstitucional.buap.mx/handle/20.500.12371/1128
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Gobernanza y Seguridad
Por Henry Rodríguez
Henry Rodríguez
Escribe en el área de Seguridad, sobre Gobernanza y Seguridad





