Responsables del cultivo ilegal de hoja de coca han destruido aceleradamente el medio ambiente y han diseñado una infraestructura para control territorial y manipulación social, para reemplazar a los estados democráticos.

En palabras de Leonardo Boff, “Existe el nuevo paradigma de que el hombre es portador de poder para la dominación, el amo y dueño de la naturaleza, un dominador que no se siente parte de ella, un dominador hasta de las últimas dimensiones de la vida y de la naturaleza, construyendo para ello un conjunto de ideas y de valores” (Escuela de cuadros, 2023).         

Por las características propias de la planta que produce hoja de coca, solo es posible desarrollar ese cultivo ilícito, destruyendo selvas, bosques o cualquier otra cobertura vegetal existente, pero extrañamente en los países cultivadores —Colombia, Perú, Bolivia, Venezuela, Honduras y frontera con Ecuador—, no existen legislaciones que castiguen con dureza este devastador crimen contra el medio ambiente y sus conexos, por el contrario, se imponen excusas de tipo ideológico extremista producidas por la corrupción política para evadir convenientemente todo debate. La prueba irrefutable de ello se refleja en que la deforestación relacionada con el narcotráfico en Latinoamérica ha aumentado significativamente en los últimos 30 años; en 1990, se estimaba que la deforestación relacionada con narcotráfico era de aproximadamente 2.000 Km2 por año, para el 2022, esta cifra había aumentado a 10.000 Km2 por año (Salazar (2023).

Indudablemente, la expansión territorial para cultivos ilícitos requiere invadir tierras y despojar a sus propietarios naturales de esa posesión, o en otros casos invadir terrenos baldíos por los que luego las organizaciones ilegales puedan presionar a quienes los invaden a enfrentarse con las autoridades, pero siempre en defensa de los intereses de quienes planearon estas invasiones para aumentar las ganancias ilegales.  

Los cultivos ilícitos se han relacionado con la ganadería, minería ilegal, acaparamiento masivo de tierras, nueva colonización de territorios, construcción de vías clandestinas y aceleración en la transformación y destrucción de bosques para agricultura, con el fin de legitimar las actividades económicas y lavar activos. Siendo apenas obvio que, en una región de cultivos ilícitos, solo invierten o les permiten invertir, a quienes estén vinculados por voluntad propia o bajo amenazas, con las organizaciones que los controlen. Y para tener una perspectiva sobre el tamaño de esa amenaza: “Basta revisar unos datos para dimensionar esta crisis: entre 2000 y 2018, la Amazonia continental perdió un área similar al tamaño de España (513.016 km²)” (Valenzuela y Sanabria, 2023, p. 1).

Para garantizar la generación de recursos desde las zonas de cultivo, es indispensable para cualquier organización, sin importar sus orígenes, ejercer presencia parcial o total en los territorios, pues de otra forma no tienen acceso garantizado a la materia prima. Pero no solo es suficiente su presencia, sino que es indispensable desarrollar también mecanismos de control que pueden ser armados y político-clandestinos.

Desde el punto de vista geográfico, la amplia exigencia que tiene poder alcanzar presencia total o parcial en regiones de cultivos ilícitos tan extensas como las que hoy existen en Latinoamérica, hace necesario desarrollar estructuras clandestinas que no sean fácilmente identificables por las autoridades; para lo cual los criminales han desarrollado organizaciones de “manipulación social” que inconscientemente, en la mayoría de casos, pero conscientemente, en muchos otros casos, convierten a las comunidades en una “extensión de sus capacidades”, logrando así controlar mayores zonas geográficas, bloqueando la presencia de instituciones legales y permitiendo mayor destrucción del medio ambiente circundante que garantice la expansión del negocio ilegal, con la consecuente destrucción de vegetación, fuentes hídricas y ecosistemas. 

En términos reales, desde el punto de vista geográfico y geopolítico, el estado que posee en sus territorios cultivos de tipo ilícito ha perdido el ejercicio pleno de soberanía sobre dicho territorio, cediéndola al actor que ejerce la actividad de narcotráfico.

En consecuencia, la falta de control territorial está permitiendo la violación de la soberanía territorial por parte de otros ejércitos, particularmente en zonas de frontera, violando también a la población vulnerable, como es el caso de colonos y comunidades indígenas que nada pueden hacer.

Inadmisiblemente, no solo se entregó el control del mercado a las organizaciones ilegales, sino también los territorios para obtención de materia prima y operar toda la cadena de producción y logística, naturalizando y normalizando toda esta situación, así como la violencia ejercida para mantener los territorios bajo control ilegal.

Considerando el perfil ideológico de los grupos que, en Latinoamérica, tradicionalmente ha tenido el narcotráfico como forma de obtener recursos económicos o como único sustento, es claro que el fin último de esos recursos obtenidos, es destruir las democracias para acomodar un sistema de gobierno, en el cual su actividad se pueda ejercer con mínimas o nulas restricciones.

Es una realidad que, ante una fuente casi ilimitada de recursos como los que provee la destrucción del medio ambiente para narcotráfico y sus conexos, gran parte de esos recursos obligatoriamente se destina a financiar campañas electorales locales, regionales y nacionales, reclutar funcionarios públicos, desarrollar estrategias de propaganda, financiar organizaciones no gubernamentales, crear empresas legales, financiar sus estructuras clandestinas armadas y de “manipulación social”, entre otras múltiples acciones que les permiten generar un ambiente en el cual estas actividades ilegales se puedan realizar sin restricciones o con solo algunas restricciones, como ocurre hoy día en gran parte de Latinoamérica.

En un contrasentido, la narrativa actual está “deconstruyendo”[1] por completo el eje central de este tema y, por el contrario, lo desviaron convenientemente hacia una “lucha”, que estimule “odio” entre países productores contra consumidores, pobres contra ricos, personas no adictas y adictas, prohibición al consumo o legalización sin restricciones, inversión estatal para seguridad o gasto para tratamiento de adictos a cocaína, erradicar cultivos o no actuar contra cultivadores, cultivadores ilegales contra Fuerza Pública, políticos de izquierda contra políticos de derecha, etc.

Hábilmente, ha venido desarrollándose una tesis que solo beneficia a los ilegales y defiende este mercado ilegal, la cual sostiene que esta lucha se perdió, que no se puede ganar y por tanto, es mejor no continuarla, o dedicarse al asistencialismo de estado, con la ilusión de que así tal vez el negocio va a desaparecer y dejar de ser atractivo, ignorando todos los hechos reales antes descritos, pero que sí abren totalmente las puertas al control total e irrestricto de los ilegales, sobre las democracias en la región hasta que sea un proceso irreversible como ya lo es en algunos estados. 

Frente a este escenario descrito, desde la óptica de la seguridad ambiental, este nefasto panorama se ve ampliado y unido a la realidad global, que muestra como “desde principios de este siglo el mundo ha perdido un total de 411 millones de hectáreas de masa forestal, lo que equivale a cerca del 10% de la cobertura que había en 2001” (Alcalde, 2023).

Teniendo en cuenta las valoraciones expuestas, queda claro que el problema de fondo aquí se llama “control territorial”, pues es la única forma en que los ilegales garantizan el “control de los recursos”, que le permiten al narcotráfico ir ganando hasta este momento.

 

NOTA: (Espere en la próxima edición de GEODESE, la segunda parte de este análisis).

 

Referencias Bibliográficas

Alcalde, S. (2023). Radiografía de la pérdida de bosques en el mundo. Revista National Geographic España. https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/radiografia-perdida-bosques-mundo_18183#:~:text=Desde%20principios%20de%20este%20siglo,cobertura%20que%20hab%C3%ADa%20en%202001.

Boff, L. (2023). Escuela de Cuadros. Teología de la liberación y ecología.

https://www.youtube.com/watch?v=ZqnfsFmzDPU

Esquivel, R. (2013). Colombia y la geopolítica del narcotráfico. Escuela Superior de Guerra FFMM Colombia. Revista Estudios en Seguridad y Defensa, 8(15), 5-23.

Goldman, L., Carter, S., & Weisse, M. (2023). Forest Pulse: The Latest on the World’s Forests. How much forest was lost in 2022?  https://research.wri.org/gfr/latest-analysis-deforestation-trends?utm_campaign=treecoverloss2022&utm_medium=bitly&utm_source=GFWBlog

McDermott, J. y Dudley, S. (2022). GameChangers 2022: Bonanza de las drogas y retos prohibicionistas en 2023. https://insightcrime.org/es/noticias/gamechangers-2022-bonanza-de-las-drogas-y-retos-prohibicionistas-en-2023/

Oficina Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). (2023). Colombia Monitoreo de los territorios con presencia de cultivos de coca 2022. https://www.unodc.org/documents/crop-monitoring/Colombia/Colombia_Monitoreo_2022.pdf

Presidencia de la República de Colombia, Oficina del Alto Comisionado para la Paz. (2018). Biblioteca del Proceso de Paz con las Farc, TOMO II. Instalación de la mesa de conversaciones, inicio de los ciclos de conversaciones y la discusión del punto 1. Hacia un Nuevo Campo Colombiano: Reforma Rural Integral. https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Documents/tomo-2-proceso-paz-farc-mesa-conversaciones-reforma-rural.pdf

Real Academia Española (s.f.). Diccionario de la lengua española. <https://dle.rae.es>

Salazar, E. y Mongbay. (2023). Los bosques que perdimos: los gobiernos detrás de los picos de deforestación en Latinoamérica. Series de Mongabay: Los bosques que perdimos. https://es.mongabay.com/2023/04/gobiernos-detras-de-picos-de-deforestacion-en-latinoamerica-bosques/

 

Valenzuela, S. y Sanabria, P. (2023). Amazonia, los motores de la deforestación. Centro ODS; Universidad de Los Andes y Periódico El Tiempo.   https://www.eltiempo.com/vida/amazonia-deforestacion-mineria-agricultura-y-cultivos-ilicitos-577536

[1] Deshacer analíticamente algo para darle una nueva estructura. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.6 en línea]. <https://dle.rae.es>

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FRANCISCO RODRÍGUEZ

Escribe en el área de seguridad, sobre Seguridad Ambiental