Así, como el monstruo bíblico descrito en el antiguo testamento, es el fenómeno del narcotráfico; temible, sin piedad ni escrúpulos y desde una visión un poco más hobbesiana, poseedor de un gran poder sobre la sociedad; lugar en donde se encuentra inmerso en la mayoría de las actividades humanas, y donde sus tentáculos, se encargan de moldear y condicionar las dinámicas políticas, sociales, económicas y de seguridad en el orden global.

 

En este caso en particular, no es el Estado la cabeza del Leviatán como lo preveía Hobbes, sino las organizaciones de crimen organizado transnacional y las estructuras de crimen local, quienes, a partir del poder de las economías criminales y de la violencia, determinan un nuevo contrato social que genera, en los espacios urbanos y rurales, nuevas formas de seguridad y de protección individual de acuerdo con sus propios intereses.

 

Un claro ejemplo de lo anterior, son los hechos presentados en las últimas semanas en Ecuador, que llevaron al gobierno a decretar un estado de excepción por 60 días y, posteriormente, a declarar la existencia de un conflicto armado interno en el país; esto como consecuencia de la fuerza que actualmente muestra el crimen organizado desde los grupos dedicados al narcotráfico, los cuales lograron tener los medios necesarios para poner en jaque al Estado. Lo anterior se genera a partir de las capacidades operativas, económicas y políticas que, para el caso de este país, permitieron la evolución de más de 22 organizaciones criminales, que cuentan actualmente con un aproximado de 30.000 hombres armados y que basan su fortaleza a partir de los fuertes lazos con el Cartel de Sinaloa y el Cartel de Jalisco Nueva Generación.

 

De esta manera, la gran bestia conocida como el problema mundial de las drogas, basa su poder en la capacidad de generar economías ilegales de manera muy rápida. Como prueba de ello está el más reciente Informe Mundial sobre las Drogas de las Naciones Unidas, donde se estima que, los mercados de drogas ilícitas podrían mover anualmente alrededor de unos $320 mil millones de dólares, casi un 1 % del PIB mundial; sin contar, con los ingresos adicionales de actividades criminales conexas, tales como el tráfico de personas, tráfico de recursos naturales, comercio ilegal de mercancías y la extorsión, entre otras (López, 2023).

 

Este Leviatán, se alimenta vorazmente de la incapacidad de generar una política pública internacional viable contra este flagelo, que logre generar un compromiso real y sostenible en el tiempo, en donde los países productores fortalezcan el control de la siembra de cultivos ilícitos y la producción de los narcóticos; donde los países consumidores, atiendan el problema del consumo desde una visión integral y reconozcan además su deber de apoyar los programas de interdicción y donde finalmente, se cuente con el apoyo de todos los estados y de la empresa privada para el control del tráfico de los precursores químicos utilizados para su elaboración.

 

Actualmente, esta criatura habita en un espacio propicio para su crecimiento, lugar en el cual, para el año 2021, se calculó que 1 de cada 17 personas entre 15 y 64 años, habría consumido alguna droga, y donde el número de personas consumidoras tendría un aumento para ese año, pasando de 240 millones de personas a 296 millones de personas —esta cifra corresponde a un 5,8 % de la población mundial que se encuentran en ese rango de edad—. Dentro de este mismo escenario y según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, se calculó que 219 millones de personas habrían consumido cannabis, 36 millones anfetaminas, 22 millones cocaína, 20 millones sustancias de la familia del éxtasis y 31,5 millones heroína (UNODC, 2023).

 

Al igual que todos los seres, este ente también evoluciona y sus transformaciones se manifiestan a partir de su capacidad de innovar tanto en la producción de nuevas drogas, como en el cambio en el modus operandi de las organizaciones para buscar nuevas maneras de mover los narcóticos y los insumos a través de mundo. Estos cambios han llevado a que las estructuras criminales hayan encontrado en las drogas sintéticas una mejor opción, que les permite un proceso de producción más rápido, usando un menor espacio físico, con menos problemas para ser trasladadas al cliente final y utilizando como insumos para su elaboración sustancias químicas que se pueden encontrar fácilmente en el mercado legal.

 

Dentro de las nuevas drogas que se comercian en las calles, están: la cocaína rosa (anfetamina), las catitonas sintéticas (conocidas como sales de baño), el fentanilo (opioide sintético), el refractil (ciclopentolato utilizado como compuesto oftálmico), el dick (cloruro de metileno), los cannabinoides sintéticos y el PMMA (p-metoximetanfetamina), entre otras (Observatorio de Drogas de Colombia, 2015).

 

Como todo ser vivo, esta entidad también se reproduce y a partir de una especie de meiosis, que permite que la organización criminal dedicada al narcotráfico se empiece a duplicar en otras pequeñas estructuras criminales, que se dedicarán a cometer delitos conexos o a aplicar lo aprendido para cometer otra clase de tráficos. De esta manera el narcotráfico se convierte en la fuente primaria del crimen organizado.

 

Lo difícil entonces, es entender cómo combatir actualmente a este gran monstruo. Sobre todo, cuando ya van más de 52 años desde que Nixon declarara al “abuso de drogas” como el “enemigo número uno de los Estados Unidos”, y donde se evidencia, además, un panorama en el que los esfuerzos siguen siendo aun ineficientes frente a la magnitud de la problemática, que ya no solo plantea desafíos para los Estados, sino también para el Sistema Internacional en su conjunto (Gutiérrez, 2021, p. 3).

 

Por ahora es necesario asumir, que los tentáculos del narcotráfico continuarán permeando la sociedad, por lo que lo más útil será avanzar a partir del conocimiento del fenómeno, con el fin de encontrar nuevas posibilidades que permitan controlarlo y ojalá poco a poco irlo erradicando de la realidad humana.

 

Referencias Bibliográficas

Gutiérrez, F. (Septiembre de 2021). Cincuenta años de la guerra contra las drogas. Análisis Político(103), 3-4.

López, C. (21 de Septiembre de 2023). Economía de las drogas. El economista. https://www.eleconomista.com.mx/opinion/La-economia-de-las-drogas-20230921-0109.html

Observatorio de Drogas de Colombia. (24 de Septiembre de 2015). Nuevas sustancias psicoactivas detectadas en colombia sistema de alertas tempranas. Ministerio de Justicia. https://www.minjusticia.gov.co/programas-co/ODC/territorios/segundoencuentroregionalizacion/10-nuevas-sustancias-psicoactivas-colombia.pdf

UNODC. (2023). Informe Mundial sobre las Drogas 2023. United Nations Office on Drugs and Crime, Research and Trend Analysis Branch. Naciones Unidas.

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Carlos Suárez

Escribe en el área de Seguridad, sobre Crimen transnacional