“Es evidente que la modernidad repercute en la vocación militar y, dadas las condiciones contemporaneas, resulta dificil contrarrestar los argumentos que se esgrimen en contra de las instituciones castrenses. No obstante, se debe ejercer el monopolio legitimo de la fuerza con hombres y mujeres que entiendan lo que implica la crucial responsabilidad de salvaguardar la nación”

El ser humano, como ente histórico, ha buscado incesantemente comprender su identidad y el papel que desempeña dentro de la sociedad en la que se encuentra inserto. Los interrogantes relacionados con su configuración subjetiva suscitan una profunda reflexión sobre sus actuaciones en un entorno cambiante que, históricamente, le ha planteado diferentes desafíos tanto individuales como colectivos. Dentro de dicha reflexión, varios autores han centrado sus investigaciones en los diferentes factores que consideran indispensables para que individuos en distintos tiempos se hayan enlistado en cuerpos armados con el propósito de enfrentarse en campos de batalla para cumplir designios superiores. Este artículo comprende una aproximación teórica de la vocación del militar desde sus orígenes y evolución hasta la problemática que enfrenta en la actualidad.

Para abordar el concepto de vocación resulta imperativo aludir a su significado intrínseco, su noción “proviene del latín vocare o vocari que significa llamado o acción de llamar, se entiende como llamado hacia un determinado fin o destino” (Héctor, 2014, p. 22). Su génesis militar proviene de las meditaciones de antiguos guerreros, quienes llevaron a cabo una introspección acerca de la decisión de ofrecer sus vidas en defensa de los suyos. Así las cosas, para entender la vocación es necesario entender la guerra como un fenómeno que surge cuando el pensamiento humano se asocia al de otros con rasgos similares y da lugar a la dicotomía entre un nosotros contra ellos, suscitando un temor natural al otro cuya cultura era diferente o al menos distaba de la propia.

De esta catarsis evoluciona ese estilo de vida en el que, hacer lo preciso se convierte en una obligación, a la luz de valores inexcusables que permiten que objetivos superiores primen sobre cualquier interés individual. Ha sido un elemento presente en la guerra, determinante en la aparición de cuerpos militares, la definición de grandes batallas y la formación de soldados que plasmaron sus nombres en las más épicas narrativas.

La profesión militar y, por ende, la vocación para este oficio continuó evolucionando, por lo que, hacia el medioevo, monarcas y señores enlistaban eventualmente a sus vasallos —por obvias razones con poca experticia militar— para sí o para otros como parte de alianzas u obligaciones en guerras limitadas. En contraste, ya desde la antigüedad existía el oficio del mercenario como aquel individuo que se dedicaba a la guerra a cambio de compensaciones económicas; y que para la época empezaron a ser relevantes al no existir organizaciones estatales con la capacidad suficiente de sostener una estructura militar permanente.

Sin embargo, con la aparición de críticas al oficio del “mercenario” como las que
presenta Maquiavelo en su obra El príncipe, basadas en la inseguridad que representaba para la defensa de un Estado el uso de este tipo de tropas por considerarlas desunidas, ambiciosas, indisciplinadas e infieles; surge la necesidad en la sociedad de buscar hombres con una fuerza espiritual capaz de inspirarlos al servicio de las armas. Por tal motivo, cuando los Estados modernos lograron en buena medida hacerse al monopolio de la fuerza con la creación de ejércitos permanentes entre inicios del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, la profesionalización del militar demandó la vocación militar como condición fundamental en sus integrantes. Con ello, surgió la necesidad de un estudio científico que tuvo lugar en Estados Unidos con la investigación de un modesto maestro de escuela, llamado Parson, sus resultados concluyeron en recomendar a todas las escuelas incluir un “consejo de vocación”. A esta investigación le siguieron otros autores, entre ellos el psicólogo de Harward, Hugo Müsterbe, Starn y Lipman en Alemania.

Posteriores investigaciones permitieron utilizar un Army Tes en la primera Guerra Mundial para analizar la satisfacción tanto del recluta como del cuerpo militar, el examen se encargaba de medir la aptitud del aspirante. En la actualidad, es ampliamente utilizada en otros campos (Martínez, 1990). A pesar de esta contribución, el cambio de paradigmas en las ciencias sociales hacia 1930 abrió la puerta a nuevas interrogantes, entre ellos la elección de ser militar y las influencias en la formación de la vocación militar, esto de la mano del sociólogo francés Georges Friedmann.

Para 1974, Morris Janowitz destacó “las determinaciones socioeconómicas, políticas y
culturales de la sociedad que incidían en la configuración de identidades, organización y sociabilidad en las Fuerzas Armadas” (Manzo y Flavio, 2013, p. 74). Dentro de su consideraciones expusieron la transformación de la noción de la autoridad y la disciplina en los entornos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, así como la ampliación y diversificación de la base social de reclutamiento de los oficiales (2013).

De esta manera, la vocación militar continuó como tema de estudio, y en 1977, Charles
Moskos definió la actitud vocacional de los militares como uno de los tres modelos ideales que sostenía su perfil social; de acuerdo con su postulado, el concepto implicaba que, “los militares se orienten por valores institucionales que trascienden el interés individual de los miembros de la organización y se vuelcan a favor de la realización de fines colectivos que implican sacrificio y completa dedicación” (2013, p.75).

Una perspectiva que se alinea con los preceptos que Eladio Urbina le asignó al hombre moderno a partir de las enseñanzas de Prometeo, “el dios griego que por haber entregado el fuego a los hombres debió transcurrir el resto de su existencia encadenado a una roca, sufriendo atroces dolores al ser sus órganos devorados diariamente” (Camilli, 2018). Ambas versiones coinciden en abandonar los intereses particulares por el bien común, con la diferencia de que el primero resalta los objetivos institucionales de la labor castrense. Desde esta visión, el interés material del individuo queda en un segundo plano, pues los logros colectivos se convierten en su motivación.

En este orden de ideas, la vocación militar ha evolucionado a lo largo de la historia, pasando de motivaciones instintivas a incentivos económicos de los mercenarios, luego a la defensa de los Estados en la edad moderna y, finalmente, a la protección de la soberanía y el bien de la población civil nacional. En la actualidad, el concepto de vocación militar corre el riesgo de perder los valores y las virtudes honorables del sacrificio y la entrega, debido a la hegemonía que ha logrado alcanzar la visión de narciso “el hombre enamorado de sí mismo que deja transcurrir su tiempo admirando su imagen en la fuente” (Camilli, 2018). Perdiendo los valores universales que constituyen a la sociedad.

Lo anterior se explica desde la perspectiva de la modernidad líquida definida por Zygmunt Bauman, que sustenta que la sociedad actual se enmarca como una estructura inestable, cambiante e incierta en donde los valores tradicionales como la lealtad, el sacrificio y la entrega van en detrimento. Los jóvenes no creen en un cambio real, las amenazas que acechan son tan diversas y complejas que se convierte en un despropósito invertir la vida en una causa perdida. Aunado a una narrativa colectiva que no exalta las actuaciones de los próceres de la patria y las grandes figuras de la historia, sino que por el contrario deconstruyen sus epopeyas para convertirlas en argumentos en contra de la guerra, mancillando a su paso la labor del militar en la sociedad y por ende la vocación militar.

Referencias Bibliográficas

Camilli, G. (2018, noviembre 12). El militar en la Sociedad del Siglo XXI. El dilema entre Narciso y Prometeo. Linkedin.com. https://es.linkedin.com/pulse/el-militar-en-la-sociedad- del-siglo-xxi-dilema-entre-narciso-camilli

Héctor, M. (2014). Vocación por el hacer y el ser en las profesiones del sector salud.
Unirioja.es. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7083570.pdf

Manzo, S., y Flavio, G. (2013). Ser militar en la Argentina del siglo XXI: Entre una vocación, una profesión y una ocupación. Avá, 23(12). https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/50691

Martínez, C. J. (1990). Vocación militar. Ministerio de Defensa España.
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2773167.pdf

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GABRIEL MOYA

Escribe en el área de factores conexos, sobre historia militar