La resocialización, o socialización terciaria, es un componente de la política criminal que, a través de mecanismos como la prisión, busca la materialización de las penas o sanciones. A través de la historia se han generado múltiples esfuerzos para encontrar las formas más efectivas de tratar a los individuos que, con su conducta desviada, han ocasionado algún daño a la sociedad y a su vez han infringido la ley. En este sentido, la resocialización pretende reintegrar funcionalmente al individuo para que aporte a la construcción del tejido social. El ser humano involucrado en la resocialización es producto de la influencia que este ha tenido en las etapas de socialización[1]. El presente artículo parte de la premisa que, cuando una persona participa en un proceso de resocialización —con algunas excepciones—, se debe a fallas en la socialización. En otras palabras, la resocialización se presenta cuando se ha pasado por alto la formación en los entornos sociales primarios.
Para tratar la resocialización, o socialización terciaria, es importante identificar dos etapas previas de la socialización: una etapa primaria y una secundaria. De acuerdo con Berger y Luckman (1968), “la socialización primaria es la primera por la que el individuo atraviesa en la niñez, por medio de ella se convierte en miembro de la sociedad”. En esta etapa intervienen dos instituciones muy importantes: la familia, y la escuela. En la familia, el individuo aprehende la escala valores determinada por la influencia de aquellos que se relacionan directamente con su crianza; a su vez, conoce los límites establecidos por las normas y actúa por la imitación de los modelos recibidos según la cosmovisión de aquellos con quienes interactúa. La familia es la más importante en la socialización, no solo porque se constituye en la primera en actuar, sino porque es el canal entre el individuo y la sociedad. Por lo anterior, es relevante tener presente algunos factores de riesgo que pueden afectar una socialización adecuada desde la familia: i) comunicación escasa; ii) falta de tiempo libre compartido; iii) escaso interés de los padres o responsables en los asuntos cotidianos del menor; iv) responsabilidad laboral de los padres; v) problemas financieros; vi) problemas de salud; vii) conflictos entre los miembros de la familia; y, viii) falta de tiempo, entre otros. Siguiendo con la socialización primaria, la escuela es el escenario donde se complementa la construcción de identidad y moralidad. En palabras de Echavarría (2003), en la escuela se producen “intercambios humanos intencionados al aprendizaje de nuevos conocimientos, al desarrollo de competencias cognitivas, socioafectivas, comunicativas, etc. y a la construcción de la identidad de los sujetos como individuos y de la escuela como comunidad que convoca y genera adhesión.” (p. 3). En términos de Durkheim (1976), la escuela es un lugar donde además de preparar a los individuos para que hagan parte de la sociedad que los ha acogido, los responsabiliza de su conservación y de su transformación.
Después de analizar a la familia y a la escuela como dinamizadores de la socialización primaria, se puede abordar la socialización secundaria, la cual se presenta generalmente a partir de la adolescencia en diferentes contextos como el educativo, laboral y asociativo a través de pares, amigos y colegas; así como la influencia del entorno cultural, social, económico y político que, en tiempos actuales, se ve amplificado por el rol de la tecnología y las redes sociales. La socialización secundaria se materializa cotidianamente, de esta manera el individuo accede a nuevas y diferentes realidades sociales que le brindan una visión más amplia de manera que pueda desarrollarse como persona, siempre apoyado en la socialización primaria. Si la socialización primaria presentó fallas o situaciones problemáticas, puede conducir al individuo a incursionar en “una socialización secundaria que pretenda sustituir a aquella, con el riesgo de integrarse en grupos con tendencias antisociales, que, en lugar de hacerle crecer como persona y ciudadano, le anulen o le lleven a desarrollar conductas desviadas y peligrosas” (Ikusmira, 2024). Lo cual abre el camino para hablar de la socialización terciaria.
Como se mencionó anteriormente, la socialización terciaria también conocida como resocialización o reintegración es el proceso que se aplica al individuo que ha transgredido la norma, entendiendo esta transgresión como una conducta desviada. El objetivo es readaptar el comportamiento del sujeto desviado a través de la aplicación de penas y sanciones que pueden implicar la reclusión en un centro carcelario o penitenciario. En este punto, se puede inferir que, si han fallado las dos primeras etapas de la socialización, es altamente probable que el individuo se vea comprometido en un proceso de socialización terciaria.
El planteamiento teórico de la socialización denota que la resocialización —como su nombre lo indica— pretende volver a socializar al individuo para que haga parte de la comunidad. Sin embargo, surgen varios interrogantes: ¿Cómo reintegrar a un individuo a la sociedad que ha sido marginado por diferentes factores, voluntarios o externos?, ¿cómo reintegrar a un individuo cuya socialización primaria, la familia y la educación, no fueron los más adecuados?, ¿cómo se fortalece el tejido social en medio de la influencia de factores sociales, políticos y económicos que promueven la falta de identidad, responsabilidad social y sobre todo el camino del menor esfuerzo?, ¿cómo resocializar en un entorno de extremos, por un lado, penas bastante duras, y, por otro lado, altos niveles de impunidad y corrupción?, ¿cómo resocializar a un individuo que, cuando entra en el sistema penitenciario y carcelario, especialmente en la región latinoamericana, sale más especializado en el delito, pues la prisión no brinda las condiciones para que se aplique un proceso de cambio positivo?, ¿cómo reintegrar a una persona que después de cumplir con la condena es marginado por la sociedad? En general, el gran interrogante es: ¿Cómo resocializar a alguien que no se ha socializado?
En concepto del autor surge una respuesta simple, pero no por ello fácil de hacer, como dijo el sabio Pitágoras, educar al niño para no castigar al hombre, allí se encuentra el desafío, un compromiso de todos.
Referencias Bibliográficas
Instituto Cervantes. (2024, Febrero 7). Socialización. Centro Virtual Cervantes: https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/socializacion.htm
Berger, P., y Luckman, T. (1968). La construcción social de la realidad. Amorrortu.
Echavarría, C. (2003). La escuela: un escenario de formación y socialización para la construcción de identidad moral. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 2.
Durkheim, E. (1976). Educación como socialización. Ediciones Sígueme.
Ikusmira. (2024, Febrero 7). Socialización secundaria. Sociología. https://ikusmira.org/p/socializacion-secundaria
[1] Se denomina socialización al proceso de adquisición, interiorización e integración en la personalidad del individuo, de los valores sociales y las normas de comportamiento propios del grupo social o comunidad a la que pertenece, con el fin de posibilitar su adaptación al contexto social (Instituto Cervantes, 2024).
Otros artículos del autor
Política Criminal: Entender la Sociología de la Amenaza
Colombia enfrenta un desafío estructural que trasciende los ciclos electorales: la criminalidad organizada ha alcanzado dimensiones que desbordan las capacidades tradicionales del Estado. Con un sistema penitenciario que registra un hacinamiento del 28,6% —104.395...
La Política Criminal frente al uso de menores en estructuras criminales: Fragmentación, retos y respuestas urgentes
Resumen En el presente escrito se examina el reclutamiento de menores por organizaciones criminales en Colombia, su instrumentalización táctica en contextos urbanos y las respuestas institucionales. A través de un análisis jurídico y político, se proponen reformas...
Los Costos del Crimen y la Violencia en Latinoamérica y El Caribe
El crimen y la violencia impactan negativamente a las sociedades en Latinoamérica y el Caribe – LAC; además de la incertidumbre, el miedo y la inseguridad que causan sobre los ciudadanos, representan un costo a nivel económico y social. En promedio, “el delito le...
Políticas contra la delincuencia. Demandas de los ciudadanos para mejorar las condiciones de seguridad.
La seguridad pública representa uno de los mayores desafíos en que los Estados ponen a prueba su eficiencia, efectividad y eficacia cuando se trata de brindar las condiciones y garantías de bienestar, tranquilidad y protección de sus ciudadanos. En esta línea, los...
Políticos y votantes: los desafíos de la (in)seguridad
¿Qué factores influyen en el diseño de políticas públicas para atender las demandas de los ciudadanos ante los fenómenos delictivos? En un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP),...
Entendiendo la Política Criminal
Por Elkin Salcedo
Elkin Salcedo
Escribe en el área de Seguridad, sobre Política e investigación criminal.






